La gestión del agua se enfrenta a una tormenta perfecta: cambio climático, variabilidad extrema y demandas consolidadas que rozan lo insostenible. Sin embargo, el riesgo para nuestra seguridad hídrica no es solo físico o meteorológico; también es político. Me refiero a la capacidad de ciertos grupos de presión organizados para secuestrar el debate técnico, retorcer el lenguaje y desplazar la planificación hidrológica en favor de intereses particulares.
Responder a la escasez exige aplicar el principio de precaución y aceptar límites incómodos. Pero, ¿qué ocurre cuando la política del agua no se dicta en los despachos de planificación, sino que viene pre-redactada por quienes se benefician del status quo?
Leer más