Hacia el año 2000 la política del agua en nuestro país sufría un periodo de estancamiento. Su expresión por medio de los planes hidrológicos, en especial el Plan Hidrológico Nacional, no acababa de encontrar el necesario consenso entre los principales partidos políticos. El Plan Hidrológico Nacional de 1993 (Plan Borrell), cuyo contenido fundamental eran embalses y trasvases con destino al riego, fue rechazado por el Congreso de los Diputados. La legislatura 1996-2000, con un nuevo Gobierno, transcurrió con la redacción del Libro Blanco del Agua, que recogía en detalle los principales problemas del agua en nuestro país, pero no adelantaba nuevas ideas ni actuaciones. En el año 2000 se promulgó la Directiva Marco del Agua de la Unión Europea, cuyo contenido principal era la protección del recurso y su entorno ambiental, y que vendría a ser ─en definitiva─ la que marcase la nueva hoja de ruta. Entretanto, en espera de poner en marcha la nueva Directiva europea, se elaboró una ley en 2001 del Plan Hidrológico Nacional, con vistas primordialmente al Trasvase Ebro-Segura. Sin embargo, el nuevo Gobierno formado en 2004 modificó/anuló la ley anterior en 2005, poniendo fin (de facto) a la elaboración de un plan hidrológico nacional en nuestro país. Desde entonces, nuestros planes hidrológicos de cuenca se ajustan (más o menos) a la Directiva europea.
Leer másMes: marzo 2025
Grandes presas, pequeños embalses
Hacia 1991-93 la situación de la política del agua en España sufría un periodo de estancamiento y confusión. Por una parte, se deseaba dar un nuevo impulso a la construcción de presas y trasvases con objeto de aumentar (bastante) la superficie de zonas regables. Pero, a la vez, surgían nuevas consideraciones acerca de la calidad del recurso, el cuidado ambiental, la eficiencia económica, la incorporación de las aguas subterráneas al dominio público, el régimen concesional, los nuevos actores y la gobernanza del agua derivados de la nueva Ley de Aguas de 1985 y sus Reglamentos, así como de los trabajos de la Unión Europea enfocados hacia la aprobación de la Directiva Marco del Agua del año 2000. El Estado Mayor de la planificación hidrológica, la dirección general de Obras Hidráulicas (pronto transformada en dirección general del Agua sin más), se hallaba dividido entre las distintas posiciones de cara a la redacción del Plan Hidrológico Nacional (PHN). La decisión del ministro Borrell fue la de elaborar un plan de corte «clásico», de presas y trasvases principalmente, que dio lugar al nonato PHN de 1993, que fue finalmente rechazado por el Congreso de los Diputados.
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