Las ideologías y el capital. Una reflexión

Vaya por delante queel título escogido para estas líneas está tomado del libro de Thomas Piketty “Capital e ideología”, monumental obra de más de 1200 páginas, de renombre mundial, sobre la historia de las desigualdades sociales. Más tarde volveremos sobre Piketty, personaje principal de estas líneas. Después de esta confesión vayamos directamente a nuestra reflexión.

En mayo de 1979 se celebró en Madrid el XXVIII Congreso del PSOE. La propuesta de su secretario general, Felipe González, de abandonar los postulados marxistas y evolucionar hacia la socialdemocracia europea reformista se saldó con la primera derrota de su tesis ante el ala izquierda del PSOE, con un 62% de votos en contra. González dimitió y el partido pasó a ser dirigido por una gestora. En septiembre de ese mismo año fue convocado un Congreso Extraordinario, con el lema “forjando el socialismo“, el que se aprobó el abandono del marxismo y, con alguna confusión, el PSOE se orientó entre una socialdemocracia o un socialismo democrático. Los observadores de la política del ruedo ibérico con fino oído, nos quedamos un tanto recelosos acerca de si dichos términos tenían igual significado o comprendían posturas políticas diferenciadas y en qué consistían las diferencias. 

La cosa se complicó aún más en las décadas siguientes cuando Margaret Thatcher (1979-1990) y Ronald Reagan (1981-1989) pusieron fin al orden socialdemócrata vigente desde el final de la II Guerra Mundial hasta los años 80-90, y dieron paso al orden neoliberal, con libertad de mercado, globalización, descenso vertiginoso de impuestos a los ricos y dumping fiscales estatales por doquier. Además, el otro socialismo real, el proletario o leninista, el que tomó el poder en Rusia en 1917 y en media Europa en 1945, colapsó en 1991. Más aún, Toni Blair (1997-2007) y Bill Clinton (1993-2001), de ideología laborista o socialdemócrata, renegaron en parte de la doctrina de la izquierda aproximándose a las doctrinas neoliberales. Felipe González llegó a proclamar, en contra de Blair (que hacía buenas migas con Aznar) que su doctrina era el socialismo democrático, desdeñando la socialdemocracia, sin que tampoco aclarara bien el tema. Las consultas a Google tampoco se distinguen por clarificar dichos conceptos.

Hacia un socialismo ecológico

Crónicas 2020-2024

Thomas Piketty

Deusto, 2 abr 2025 – 232 páginas

La solución al enigma nos ha venido de la mano de Thomas Piketty en su último libro Hacia un socialismo ecológico. Crónicas 2020-2024. Ed. Deusto (2025). Vayamos directamente a la nota de pie de página correspondiente a la página 41:

   “…Kenworthy define la “socialdemocracia” como un sistema socioeconómico en que la fiscalidad obligatoria es de alrededor del 50% de la renta nacional [otros autores hablan del 40-50%; en España en 2023, el 36,8% del PIB, ocupando el puesto 120 del ranking de países con mayor presión fiscal] y el empleo de no mercado [bienes sociales y actividades económicas del Estado] es de alrededor del 25-30% del empleo total (es decir, aproximadamente, los niveles ya observados en el norte de Europa). En comparación, define el “socialismo democrático” como un sistema en el que dos tercios del empleo y la producción tendrían lugar en organizaciones, administraciones o empresas propiedad del Estado, los ciudadanos o los trabajadores, o controlados por ellos. Kenworthy considera que tal objetivo es inalcanzable (e indeseable), sin precisar sin embargo ni los umbrales de propiedad o control utilizados ni la frontera entre un “ciudadano” ordinario y un accionista mayoritario. En función de los umbrales utilizados, no es imposible que el “socialismo democrático” ya se haya alcanzado en varios países, en particular en la Europa germánica y nórdica, si se tiene en cuenta el derecho a voto de los representantes de los trabajadores, de los pequeños accionistas y de las autoridades públicas.”

Al emplear los números, los campos se delimitan bastante bien. Aquí acaba la reflexión que quería hacer yo, pero ya que estamos con Piketty, me parece interesante copiar unos párrafos más sobre el asunto de las páginas 41 y 42.

   “Algunos investigadores creen que la “socialdemocracia” es el límite de nuestro tiempo y que, en consecuencia, deberíamos desconfiar como de la peste de la noción de “socialismo democrático” y de las ilusiones peligrosas e inútiles que dichos términos implican. Comprendo ese punto de vista, pero el problema es que la mayoría de las veces se basa en una noción estática y fija de la “socialdemocracia”, considerada como un producto casi acabado que hay que defender, y no como un proceso dinámico en vías de devenir y renovarse permanentemente. Lo mismo ocurre en el debate público, sobre todo en Francia, donde muchos actores políticos próximos al bloque liberal central utilizan el término socialdemócrata para designar un programa relativamente conservador (consistente, grosso modo, en congelar el gasto público en proporción a la renta nacional en su nivel actual), frente a la “izquierda radical” y sus promesas vacías. Como resultado, el uso conservador e instrumental del término socialdemócrata equivale a dar la espalda a la dimensión revolucionaria, subversiva y popular de la socialdemocracia del siglo XX. La ventaja, en mi opinión, de la noción de “socialismo democrático” es que permite expresar claramente la idea de que se trata de continuar la revolución socialdemócrata del siglo XX y de asignarle nuevos objetivos de transformación estructural del sistema socioeconómico, con la continuidad del proceso de desmercantilización igualitarista y su extensión progresiva a nuevos sectores [por ejemplo, el medio ambiente, la vivienda, los transporte y la energía, según Piketty] y, con el tiempo, al conjunto de la economía. Aunque es evidente que una agenda de este tipo no se alcanza de la noche a la mañana, considero sin embargo esencial que volvamos a debatir, sin tapujos de ningún tipo, sobre el sistema socioeconómico alternativo que queremos poner en marcha para hacer frente a los retos globales del siglo XXI, y nos alejemos de la visión inmovilista de la socialdemocracia que ha prevalecido desde las décadas de 1980 y 1990.”

Hasta aquí Piketty. Y ahora una reflexión personal por mi parte. Keynes, en una famosa conferencia pronunciada en 1930 en la Residencia de Estudiantes de Madrid, “el futuro económico de nuestros nietos”, pronosticaba el aumento de riqueza que se produciría en los países desarrollados en los próximos 100 años utilizando la fórmula del interés compuesto. La riqueza vendría a multiplicarse por una cifra entre 8 y 10, muy próxima a lo realmente sucedido. Supongamos ahora, siguiendo el razonamiento de Keynes, que en los siguientes 100 años sucederá otro tanto. Nuestros nietos tendrán entonces un nivel de vida como los ricos de ahora. O sea, todos serán ricos. Pero, dada la condición humana, los enfrentamientos sociales serán semejantes a los de ahora. Seguirán siendo las cuestiones ideológicas las que primen, señalando las diferencias entre los muy ricos y los superricos. En esa tesitura, ¿no será llegado el día del socialismo democrático o la superdemocracia, es decir, un sistema bastante igualitario y democrático en lo político y en lo económico. En ese supuesto, mire usted por dónde, se habría cumplido la profecía de Marx, instalándose el cielo en la tierra y la igualdad entre los hombres. En otras palabras: ¡el comunismo capitalista e igualitario! He dicho.


A continuación se muestra una infografía del contenido de la entrada, generada con Gemini 2.5 (ver en otra pestaña):

Autor:

Bernardo López-Camacho y Camacho

Dr. Ingeniero de Caminos, Canales y Puertos
Ver todas las entradas de Bernardo López-Camacho y Camacho
Marcar como favorito enlace permanente.

Deja un comentario

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.

0 Comments
Antiguos
Recientes Mejor valorados
Inline Feedbacks
View all comments