Una de mis preocupaciones recurrentes desde los tiempos de estudiante ha sido la disonancia entre las hipótesis de los libros de economía y el mundo real. Resultaba que, para los textos consagrados (también llamados clásicos) de la ciencia económica, el mundo real era un caso particular ─o muy particular─ de las hipótesis en que se basaba el texto. Lo que nos llevaba a considerar que la economía era una fantasía exacta. Producto de esta fantasía fue la creación del correspondiente fantasma: el homo economicus, que ha transitado por los libros y los debates intelectuales durante más de un siglo. Era una trampa: se trataba de crear un sujeto económico que se comportaba como fuese necesario para poder aplicar la doctrina. Era poner de antemano las hipótesis para que los modelos proporcionasen el resultado apetecido. El tema lo hemos tratado recientemente en la entrada “La trampa del Homo economicus” de 15 de octubre de 2023.
Leer másMes: octubre 2023
La trampa del Homo economicus
La tentación de la economía.
Cuando me encontraba yo mediando la carrera de ingenieros de caminos estuve considerando seriamente la posibilidad de matricularme en la Facultad de Ciencias Económicas, compaginando ambos estudios, como hacían no pocos de mis compañeros de curso. Entonces nos parecía que para “andar” por el mundo había que ser entendido en economía, la ingeniería sola no era suficiente. Menos mal que en un ataque de cordura me acordé de una máxima de nuestro don Francisco de Quevedo: “aprendiz de todo, maestro de nada”, y decidí que primero tendría que terminar la ingeniería y luego ya se vería por donde ir. Y, claro, luego empezaron a mandar “las circunstancias” (que diría don José Ortega y Gasset), y no hubo lugar para disciplinarme en ciencias económicas. No obstante, quedé con la afición a la cosa económica, y he dedicado innumerables horas a la lectura de textos económicos: académicos, clásicos, ortodoxos e, inevitablemente, heterodoxos, por aquello ─fruto de la innata rebeldía─ de que las alternativas críticas a lo oficial pueden contener con frecuencia ideas interesantes, o más interesante que “lo consabido” (las buenas ideas se suelen producir en los márgenes del sistema, Keynes presente).
Leer másUn tema que estoy siguiendo desde hace setenta años
La cosa comenzó hace setenta años en un cine de verano.
Cuando tenía yo once o doce años, hacia 1952-53, una noche de verano en la que el calor dificultaba el sueño, mientras dábamos lugar a que refrescara la noche acompañé a mi padre a ver una película en el cine Terraza del Casino, en Manzanares (Ciudad Real). El mal llamado cine era un patio con suelo de carrujo (gravilla fina de río) y sillas de tijera, con pantalla jabelgada sobre un tapial del fondo, pozo con garrucha para regar el patio en la pared de la derecha y bar al fondo, frente a la pantalla; al lateral izquierdo daban las habitaciones del Hotel Casino; desde la planta alta los huéspedes seguían la película desde las ventanas de sus habitaciones.
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