Dr. Ingeniero de Caminos, Canales y Puertos

La extraña función de la presa de El Pardo y otras trivialidades.

Un día de verano en la década de los años sesenta, mientras Su Excelencia el general Franco regresaba desde el cercano campo de golf al palacio de El Pardo, comentó a los ayudantes que le acompañaban (poco más o menos): «¡Qué amarillo y seco está este año el campo de golf! Con la cantidad de embalses que he inaugurado, ¿no se podría construir uno por acá?» El mensaje fue trasladado rápidamente a quién pudiere corresponder. Con notable celeridad se elaboró el proyectó, se adjudicaron las obras y se construyó la denominada presa de El Pardo. (Comunicación personal, durante una visita a la misma en 1974, del ingeniero de la Confederación del Tajo que participó en el proyecto, construcción y estaba encargado de la explotación de la presa).

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Lecturas navideñas 1923-24: del agua y otras fruslerías

El frio propio de estas fechas nos recluye con lecturas estimulantes. Acabo de leer Pensar el siglo XX (2012, ed. Taurus), obra póstuma de Tony Judt (judío, inglés, liberal/socialdemócrata, autor de la monumental obra Posguerra: una historia de Europa desde 1945, fallecido en 2010 por ELA) en conversaciones finales con Timothy Snyder (norteamericano, profesor de Yale, alumno suyo que fue). Tratan de lo divino y lo humano en cuestiones político/sociales/culturales/en suma: intelectuales/ del siglo pasado. Se recorren sus páginas con interés revisando cuestiones tales como el Holocausto y su influencia política en Europa y EEUU, que llega hasta nuestros días (guerras en Oriente Medio); la historia política de la Europa Central y del Este, así como sus relaciones con la moral y el libre mercado a la caída del comunismo; etc. A la altura de la página 342 los autores tocan el agua:

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El Canal de Isabel II versus el Plan Hidrológico del Tajo

Tres son las objeciones (por llamarlas de alguna manera) que el Canal de Isabel II viene poniendo al Plan Hidrológico del Tajo. Limitándonos, claro, a las cuestiones de índole técnica. En las otras cuestiones, las políticas, (que haberlas, haylas) nos vedamos entrar por ahora. Estas cuestiones son, a saber, los caudales ecológicos del eje del Tajo, la depuración de las aguas usadas de la Comunidad de Madrid y la gestión del abastecimiento del Canal de Isabel II. Nos limitaremos hoy a la tercera cuestión, la gestión del abasto, que nos parece la más intrincada. Por haber sido yo cocinero ambos bandos, tengo ahora algo que decir (subdirector de Recursos Hídricos en el Canal de Isabel II 2000-2008, y Jefe de la Oficina de Planificación Hidrológica 2008-2013).

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Lectura de Keynes: los animals spirits

Una de mis preocupaciones recurrentes desde los tiempos de estudiante ha sido la disonancia entre las hipótesis de los libros de economía y el mundo real. Resultaba que, para los textos consagrados (también llamados clásicos) de la ciencia económica, el mundo real era un caso particular ─o muy particular─ de las hipótesis en que se basaba el texto. Lo que nos llevaba a considerar que la economía era una fantasía exacta. Producto de esta fantasía fue la creación del correspondiente fantasma: el homo economicus, que ha transitado por los libros y los debates intelectuales durante más de un siglo. Era una trampa: se trataba de crear un sujeto económico que se comportaba como fuese necesario para poder aplicar la doctrina. Era poner de antemano las hipótesis para que los modelos proporcionasen el resultado apetecido. El tema lo hemos tratado recientemente en la entrada «La trampa del Homo economicus» de 15 de octubre de 2023.

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La trampa del Homo economicus

La tentación de la economía.

Cuando me encontraba yo mediando la carrera de ingenieros de caminos estuve considerando seriamente la posibilidad de matricularme en la Facultad de Ciencias Económicas, compaginando ambos estudios, como hacían no pocos de mis compañeros de curso. Entonces nos parecía que para «andar» por el mundo había que ser entendido en economía, la ingeniería sola no era suficiente. Menos mal que en un ataque de cordura me acordé de una máxima de nuestro don Francisco de Quevedo: «aprendiz de todo, maestro de nada», y decidí que primero tendría que terminar la ingeniería y luego ya se vería por donde ir. Y, claro, luego empezaron a mandar «las circunstancias» (que diría don José Ortega y Gasset), y no hubo lugar para disciplinarme en ciencias económicas. No obstante, quedé con la afición a la cosa económica, y he dedicado innumerables horas a la lectura de textos económicos: académicos, clásicos, ortodoxos e, inevitablemente, heterodoxos, por aquello ─fruto de la innata rebeldía─ de que las alternativas críticas a lo oficial pueden contener con frecuencia ideas interesantes, o más interesante que «lo consabido» (las buenas ideas se suelen producir en los márgenes del sistema, Keynes presente).

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Un tema que estoy siguiendo desde hace setenta años

La cosa comenzó hace setenta años en un cine de verano.   

Cuando tenía yo once o doce años, hacia 1952-53, una noche de verano en la que el calor dificultaba el sueño, mientras dábamos lugar a que refrescara la noche acompañé a mi padre a ver una película en el cine Terraza del Casino, en Manzanares (Ciudad Real). El mal llamado cine era un patio con suelo de carrujo (gravilla fina de río) y sillas de tijera, con pantalla jabelgada sobre un tapial del fondo, pozo con garrucha para regar el patio en la pared de la derecha y bar al fondo, frente a la pantalla; al lateral izquierdo daban las habitaciones del Hotel Casino; desde la planta alta los huéspedes seguían la película desde las ventanas de sus habitaciones.

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Anécdotas sobre la presa de El Atazar

​Situación de partida.

Mis recuerdos sobre la presa de El Atazar acaban en septiembre de 2008, fecha de mi jubilación forzosa por edad en el Canal de Isabel II. El texto que sigue está fiado exclusivamente a mi amojamada memoria, sin poder consultar ningún documento escrito, por lo que los datos y fechas concretas que aparecen en el texto no se pueden adverar. Pido disculpas de antemano al interesado lector por los posibles errores o inexactitudes.

Para situarnos en lo que sigue, comencemos exponiendo algún hito histórico sobre los antecedentes de la presa de El Atazar. Desde los años 50 y primeros 60 del pasado siglo, ante el crecimiento de la población de la ciudad de Madrid, el Canal de Isabel II, dependiente entonces del Ministerio de Obras Públicas, venía clamando por la construcción de nuevas presas y canales para atender la demanda de agua de la capital en crecimiento desbordado (milagro económico español de los años 60). Especialmente la presa de El Atazar como medio de conseguir la regulación completa del río Lozoya, verdadera despensa de agua del abastecimiento, aunque en los estiajes su caudal bajaba hasta unos 50 litros por segundo. El día 12 de mayo de 1965, festividad de Santo Domingo de la Calzada, el abastecimiento de la capital entró en crisis debido a una maniobra desafortunada en la red de suministro. En los meses siguientes, las restricciones llegan a superar las 16 horas diarias. El Caudillo cesó fulminantemente al ministro de Obras Públicas, general Vigón, por medio de un escrito que llevó al ministerio un motorista de El Pardo. Fue sustituido por Silva Muñoz, «ministro eficacia», que rápidamente puso en marcha la construcción de las presas de Pedrezuela, Manzanares el Real (nueva presa próxima a la existente), Pinilla, El Atazar (presa y canal), elevación desde Picadas en el río Alberche, canales de transporte, numerosas estaciones de tratamiento del agua, depósitos, etc. Con ello el Canal quedó prácticamente configurado como está actualmente. Se puede decir que Silva Muños volvió a crear por segunda vez el Canal de Isabel II.

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«Hay varias formas diferentes de capitalismo, y la nuestra es la equivocada» (Mariana Mazzucato).

Hay que repensar el papel del Estado en la sociedad actual. Más allá del Estado providencia, suministrador de servicios públicos (conquista histórica), el papel del Estado liberal de guardia de tráfico, (laissez faire laissez passer) pasó a la historia. Pero no solo se trata de «corregir los fallos del mercado» por el Estado (inversión en I+D, corrección de la contaminación, equilibrio de la información, …), se trata de tomar un papel más activo en la esfera público-privada, también como suministrador de «bienes públicos». Mariana Mazzucato nos lo dice con sus propias palabras («Misión Economía: una guía para cambiar el capitalismo«, Ed. Taurus, 2021, pág. 164): Por sí solo, el Gobierno, aunque sea muy ambicioso y esté orientado por misiones(*), no puede seguir una trayectoria mejor a menos que tenga una relación más productiva con las empresas, y a menos que estas tengan una mentalidad a largo plazo y un propósito. (…) Y la relación es recíproca. Para que los sistemas públicos funcionen y formen parte de un tejido social saludable, necesitamos un sector privado diferente, uno con el que los gobiernos puedan interactuar. (…) Aunque existen movimientos que pretenden que las empresas abandonen la simple maximización de beneficios y valor para el accionista y pasen a tener una estructura de gobernanza motivada por las partes interesadas, hasta ahora hay pocas pruebas de que esto esté cambiando algo de veras, más allá del hecho de sentirse mejor. El progreso real solo ocurrirá cuando la gobernanza de las partes interesadas y el «propósito» se vuelvan un elemento central en la manera en que se gobiernan e interactúan las organizaciones (…) Para cambiar el capitalismo, debemos cambiar las interrelaciones entre el Gobierno, las empresas y la sociedad civil, sobre todo las relaciones de poder subyacente. Hay varias formas diferentes de capitalismo y la nuestra es la equivocada.

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Mariana Mazzucato, una nueva estrella en el mundo de la economía, de lectura inexcusable(*)

​En ocasiones, en el mundo de la economía, se produce la aparición de una estrella rutilante que nos deslumbra con su luz y la certeza de sus puntos de vista. Inmediatamente recordamos a Keynes, claro. En este caso se trata de la ítalo-norteamericana Mariana Mazzucato, catedrática de Economía en Londres y directora del Institute for Innovation and Public Purpose.

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La sequía anterior en el País Vasco (1989-1991). Recuerdos desengañados

Estos días la prensa nos trae noticias de la sequía que sufre el País Vasco/Euskadi. En algunos municipios se prevén las consabidas restricciones respecto a prohibición de riegos de parques y jardines, baldeo de calles, lavado de coches y demás parafernalia arrastrada por estas situaciones; parafernalia determinada en el inevitable «Plan de sequía»(*). La novedad radica en un transporte de agua potable por barco entre Urdaibai y Bermeo, desde donde se incorporará a las redes generales del abastecimiento. La cantidad a transportar en cada carga del barco es de unos 2000 m³; dicha cantidad es relativamente pequeña (sirve para abastecer en un día a unos 13 000 habitantes). Pero, en general, se trata de solucionar los problemas de las poblaciones no conectadas a las redes generales (Consorcio de Aguas del Gran Bilbao y Amvisa, de Vitoria-Gasteiz). Al parecer, el problema se reduce al 10 por ciento de las poblaciones no conectadas a las redes generales que captan el agua de arroyos, manantiales y pozos, aunque la prensa indica que las restricciones podrían extenderse a Lekeitio, Ondarra y Marquina.

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