En la tarde del viernes 21 de diciembre de 1973 estaba previsto el sepelio del almirante Luis Carrero Blanco, presidente del Gobierno, asesinado por terroristas de ETA el día anterior, 20 de diciembre. Aquel día nos reunimos en comida de trabajo, como era frecuente, en el restaurante barato La gloria de Valdepeñas del Paseo de Extremadura, Andrés Sahuquillo Herráiz, jefe de la sección de Hidrogeología del Servicio Geológico de Obras Públicas[1] y los entonces ingenieros jóvenes contratados por dicho organismo Juan Manuel Aragonés Beltrán[2] y el autor de este relato[3]. Es de destacar que la actividad laboral en España durante aquellos días se mantuvo con total normalidad por la decisión del presidente del Gobierno en funciones, Torcuato Fernández Miranda, que evitó la declaración de estado de excepción. Hasta el punto de que al día siguiente, sábado 22, tuve ocasión de asistir a la boda de unos amigos en la iglesia de la Ciudad Universitaria seguida de un banquete nupcial en el hotel que cierra por el mediodía la plaza de Santa Ana, en el centro de Madrid, sin ningún contratiempo.
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