Un amigo más joven me dice que, a su juicio, “las cosas” las de la Unión Europea le parecen simples paparruchas, cosas banales y sin valor, meras bagatelas o fruslerías. Pienso que mi joven amigo podría estar infectado por los virus de trumpismo o abascalismo, y me pongo a contestarle seriamente.
Los libros serios de historia comienzan la historia moderna del mundo y de España con la Revolución Francesa. Según Francis Fukuyama fue el “Final de la Historia”, el momento en que hombre se libera de la esclavitud del Antiguo Régimen e impone el imperio de la razón preconizado por Hegel. Pero la historia “contemporánea” de España podemos traerla más acá: hacia 1900, con la pérdida de nuestros restos coloniales, el desastre de Cuba y Filipinas. Fue el punto más bajo de nuestra historia patria, aislados y condenados internacionalmente, hasta el punto de que alguien declaró la muerte de España de entre los países civilizados.
Pero pronto surgió la reacción ante tanto desastre y atraso. El joven Ortega y Gasset, hacia 1914, resumió el sentir de su generación en una célebre frase: “España es el problema, Europa la solución”. Las mentes más preclaras de la época se dedicaron a buscar la solución a nuestra agonía. El mismo Ortega prescribía el remedio: España debería acoger el espíritu científico de Europa por medio de la educación. Para Azaña la solución radicaba en instalar la democracia y el imperio de la ley: “Democracia hemos dicho, ¡pues democracia!“. Por su parte Francisco Giner de los Ríos, de la Institución Libre de Enseñanza, de inspiración inglesa, propugnaba el self government, lo que podemos traducir como “el buen gobierno”.
Estas ideas culminaron al fin, después de muchas décadas de paréntesis sangrientos y retrasos político-sociales y culturales, en la incorporación de España en 1986 a la Unión Europea. El rey juan Carlos dice en sus recientes memorias que considera que dicha incorporación fue el acto más destacado de su reinado, al permitir que España se incorporase al fin a la corriente europea de la que había estado ausente tantas décadas. La transición española de la dictadura a la democracia –decía el Rey– fue una primera etapa para conseguir este destino europeo como culminación. Aun por aquellas fechas, las principales potencias europeas consideraban a España como un país tercermundista.
La Unión Europea tuvo un comportamiento destacado con España; sus ayudas, con un montante superior a las del famoso Plan Marshall para toda la Europa occidental, consiguieron aumentar el PIB español un 1% anual durante veinte años, acercándonos a los países europeos de nuestro entorno. (¿Sería como premio por nuestra ejemplar transición de la dictadura a la democracia?). España, a la postre, ha sido el país del mundo que más ayudas ha recibido históricamente. Además, nuestro país ha acabado participando de forma destacada en las decisiones políticas, culturales y económicas de Europa.
Hasta aquí el relato serio. Pero como quiera que hemos pasado quizá demasiado rápidamente por “el paréntesis” de la dictadura franquista (cuarenta años, 1936-1975), podemos recurrir a una anécdota que nos permita situarnos en el vacío cultural de aquellos años. El poeta chileno comunista Pablo Neruda escribió a finales de los años cuarenta su “Canto General”, un larguísimo poema en el que, entre una miscelánea de cosas, acusaba a unos poetas del régimen de “silenciosos cómplices del verdugo” por su silencio ante la muerte de García Lorca y Miguel Hernández. En un ambiente de “ansias imperiales y delirios verticales”, los poetas del régimen encargaron a uno de ellos, que consideraban el mejor, Leopoldo Panero, la respuesta a Neruda. Panero compuso su “Canto personal” en 1953, en tercetos endecasílabos. Uno de sus tercetos venía a decir:
Porque España es así, y el ruso, ruso,
hoy preferimos el retraso en Cristo
a progresar en un espejo iluso.
Estos versos fueron calificados en nuestro país (aunque muchos años después, claro) de “ripios” y “productos de un místico alcohólico”. Neruda dio una respuesta breve que finalizaba con las palabras: “caterva infiel de los Panero, los asesinos de los ruiseñores”.
