¿Estaremos en vísperas de un nuevo retroceso?

La anécdota la contó en algún lugar Santos Juliá[1]: en Sevilla, un grupo de jóvenes interesados en la historia del pensamiento político en España, entre los que se encontraba el mismo Juliá, fueron a visitar al célebre historiador Ramón Carande[2]. Cuando finalizaba la entrevista uno de los jóvenes le preguntó a quemarropa al profesor: “don Ramón, ¿qué le parece a usted la historia de España?” Carande, sorprendido ante tal pregunta, tardó algún tiempo en contestar. Al cabo dijo solamente: ¡demasiados retrocesos!

Esta expresión, demasiados retrocesos, ha dado pie a Santos Juliá para  recoger en un tomo una buena parte de sus mejores escritos referentes a la historia social y el pensamiento político de España desde la pérdida de las últimas colonias americanas a la moción de censura del Gobierno en 2018. Se trata del libro “Demasiados retrocesos. España 1898-2018”, Galaxia Gutenberg (2019), 378 págs. Para los aficionados a estos temas, se trata de unos ensayos magníficos que acabo de leer (y disfrutar) por segunda vez. Con el fin de que el curioso lector tenga una idea de sus escritos, pasaremos a copiar algunos párrafos del libro citado.

En la introducción a los temas contenidos en su libro, Santos Juliá toma una frase de Charles Tilly de 1969 que le sirve de pórtico: “Spain, as usual, is the significant exception“. En el texto expone: 

Juan Valera[3] hacia 1880 escribía que nuestra más reciente historia había sido “un continuo tejer y destejer, pronunciamientos y contrapronunciamientos; constituciones que nacen y mueren; leyes orgánicas que se mudan apenas ensayadas” y atribuía esa especie de fatalidad a los “partidos medios que por no contar con crédito y secuaces bastantes en el pueblo, ni confiar en las vías legales, apelan a la insurrección del  Ejército a fin de escalar el poder; y a los partidos extremos que no confían tampoco en las vías legales, y que apelan a las armas, aunque de un modo más popular, creando y sosteniendo largas, costosas y sangrientas guerras civiles”. Todo esto, añadía Valera, “hace de nuestra historia política algo tan sin finalidad y sin propósito, tan triste y tan desengañado, que da gran dolor tener que escribirla”.

Después de pasar por los momentos “estelares” de la Historia de España a lo largo de 13 capítulos y más de trescientas páginas, el autor titula el último capítulo de su libro: “Epílogo: ¿una democracia en crisis?”. Nos demoraremos en algunos párrafos de dicho epílogo.

¿Dónde se sitúa la democracia española en un cuadro actual de universal incertidumbre cuando no de franco retroceso de la democracia a favor de formas populistas, autoritarias o iliberales de poder? En España, que figuró junto con Portugal y Grecia en cabeza de la tercera ola de democratización, la amplia legitimidad que ha gozado el Estado democrático desde el término del proceso de transición y la estabilidad del sistema de partidos que permitió la formación de gobiernos sostenidos en amplias mayorías parlamentarias, sumadas al arraigo de las instituciones autonómicas con crecientes competencias en educación, cultura, sanidad, economía, administración y a la incorporación a Europa y a la moneda única cumpliendo todos los requisitos de admisión, extendieron la convicción de que la democracia, a comienzos del siglo XXI, había echado por fin hondas raíces y estaba al abrigo de las nuevas tempestades europeas o mundiales. […] No más retrocesos, no más pronunciamientos, no más golpes de Estado, no más rebeliones ni cruzadas, no más caudillos, en nombre de la patria ni de la religión. No más España como excepción.

Era, pues, desde principios del nuevo siglo, una convicción generalmente compartida y fomentada por los gobiernos, tanto popular como socialista, que España iba bien, mucho mejor que otras democracias europeas, porque había entrado en una espiral de crecimiento económico sostenido sobre una sólida base que permitía proyectar un futuro de mayor gasto público manteniendo los superávits de los presupuestos generales del Estado […].

Y de pronto, el colapso de la economía especulativa, combinado con las medidas de política expansiva, acabaron por generar un elevado déficit público y un imparable crecimiento de la deuda, que colocaron a España al borde de la intervención en mayo de 2010. Al mismo tiempo, el empleo experimentaba el mayor desastre de su historia hasta el punto de que a finales de 2011 trabajaban cerca de dos millones y medios de hombres y alrededor de medio millón de mujeres menos que en el último trimestre de 2008: tres millones de puestos de trabajo volatilizadosedn tres años, con su  tremendo impacto en las cuentas de la Seguridad Social. […]

Lo que la prensa internacional calificó como “fin de fiesta” en España vino acompañado de un profundo malestar social motivado por el abrupto cambio en las políticas económicas, con un Gobierno hasta una hora antes eufórico, y ahora mudo, incapaz de articular palabra, ante el imparable deterioro del mercado laboral, con un aumento del paro, que superó en el verano del 2011 el 20% de la población activa. La desigualdad social con hasta ocho millones de españoles viviendo por debajo del umbral de pobreza; el cierre de perspectivas de futuro para los jóvenes, víctimas principales de la falta de empleos; los escándalos de corrupción que afectaban desde la Casa del Rey a los sindicatos, pasando por los partidos políticos de ámbito estatal, las clases dirigentes de la comunidades autónomas, los promotores inmobiliarios, los gesotres de las Cajas de Ahorros y la cúpula empresarial, todo, en fin, lo que procedía de la política y de las instituciones del Estado colaboraba a trasmutar la euforia de los primeros años del nuevo siglo por la irritación y la protesta, que tuvo una multitudinaria manifestación en el movimiento 15-M, 15 de mayo de 2011, con acampadas en las plaza centrales de las ciudades, con particular relieve en la ocupación de la Puerta del Sol de Madrid, y las marchas y mareas contra el sistema de partidos: “Abajo el régimen”, “No nos representan” y “Democracia real, ya”, fue el clamor más repetido durante los últimos meses del gobierno socialista. […]

Este fue el telón de fondo sobre el que se proyectó una nueva y muy abundante literatura, que Juan Valera habría llamado terapéutica, en torno al problema de España, su dilema, su crisis, su fragilidad como nación y su fracaso como Estado, que tanto recordaba la literatura regeneracionista del fin del siglo XIX, con una diferencia. En aquella ocasión el desastre se entendió como punto final de una decadencia que venía de varios siglos antes, del XVI según el pensamiento liberal progresista, del XVIII en el relato católico conservador; una decadencia, en todo caso, proopiciada por la digresión de su historia a causa de la entronización de una dinastía extranjera, los Austria y luego los Borbones. Ahora, sin embargo, España ya había vuelto al cauce del que nunca debía haberse desviado: había tenido éxito en la operación de retornar a la casa común europea y disfrutaba de un alto crédito entre sus vecinos. ¿A qué podría deberse este nuevo retroceso? […]

Y al tiempo que se anunciaba una profunda transformación en el sistema de partidos con la pérdida de votos, ahora sí, del PP y la continua sangría del PSOE, la Monarquía, que era de siempre la institución mejor valorada del sistema institucional, se despeñaba en la confianza ciudadana desde un máximo de 7,5 sobre 10 alcanzado en 2008 a la hondonada que, a finales de 2013, apenas superaba la calificación de 3, un suspenso inapelable. Y no porque hubiera aparecido una potente movilización por la República, sino porque, en el peor momento de la crisis, las conductas del rey Juan Carlos, de su hija y de su yerno, con las cacerías y las amistades del primero y con el escándalo de la sociedad Nóos los segundos, añadieron a la desafección galopante a la política de partidos una evidente pérdida de confianza en la Corona, que con buen criterio aceleró los planes de su transmisión en vida al heredero, Felipe de Borbón, llevada a cabo en junio de 2014 […].

En las elecciones de diciembre de 2015 el PP solo consiguió 123 diputados, muy lejos de la mayoría absoluta de cuatro años antes, mientras el PSOE, a pesar del cambio de Alfredo Pérez Rubalcaba por Pedro Sánchez en la secretaría general, continuó su declive hasta caer a 90 diputados […]. Contra la práctica habitual, el partido más votado, en este caso el PP, temiendo lo peor a pesar del repunte de la economía con una primera recuperación del empleo y el crecimiento del 4,1% del PIB en este año de 2015, decidió no presentar ningún candidato a la investidura. Los socialistas, por su parte, tras la solemne firma de un programa de gobierno con Ciudadanos, probarán fortuna fiando la investidura de Pedro Sánchez a una posible abstención de Podemos que finalmente no se produjo. Finalmente se fijaron nuevas elecciones para 2016 […].

Impulsado por las multitudinarias manifestaciones de las sucesivas “diadas”, y favorecido por la fragilidad del gobierno del PP tras las elecciones de 2015, el Parlament aprobó en septiembre de 2017 las leyes de referéndum de autodeterminación y de transitoriedad jurídica y fundacional de la República, en sendas sesiones en las que ninguno de los procedimientos propios de los sistemas parlamentarios quedó sin vulnerar. Lejos de aplicar el artículo 155 de la Constitución, el Gobierno dejó como siempre la respuesta a las resoluciones adoptadas por el Parlament en manos del Tribunal Constitucional. El referéndum fue convocado efectivamente para el 1 de octubre, con un resultado del que se haría eco toda la prensa internacional: fuerzas de la Policía Nacional y de la Guardia Civil tratando de impedir, sin reparar en el uso de la violencia, el acceso de más de dos millones de electores a las urnas finalmente abiertas ante la pasividad de los Mossos d’Esquadra y el desconcierto de las autoridades del Estado, que habían proclamado a los cuatro vientos que la votación nunca tendría lugar […].

[Por otra parte]  la sentencia del Tribunal Supremo de 8 de mayo de 2018, confirmando íntegramente la del Tribunal Superior de Justicia de Valencia sobre el caso Gürtel, actuaba como un catalizador de un rechazo masivo al Partido Popular que dejo abierto el camino hacia una coalición política con un único objetivo: no a Rajoy, último responsable político de los casos de corrupción del PP que han esmaltado todo este periodo, entre otros Operación Púnica, las tarjetas black de Caja Madrid, los papeles de Bárcenas y el saqueo del Canal de Isabel II; y que han afectado  a dirigentes del partido en Madrid y Valencia, como Rodrigo Rato, Francisco Granados, Ignacio González y Francisco Camps. La moción de censura obtuvo rápidamente el apoyo de toda la izquierda y de los nacionalistas vascos y catalanes, quedándole al PP el único apoyo de Ciudadanos, insuficiente para evitar su caída […].

Hasta aquí Santos Juliá. Sospechamos dada la proximidad en fechas de este texto al fallecimiento del autor por un cáncer rápido en 2019, que posiblemente se trata del último escrito de Juliá, lo que justifica algún descuido en la redacción del texto. Ahora intentaremos hacer, por nuestra parte, un papel similar (salvando todas las distancias imposibles) del que hizo Juan Valera actualizando la monumental Historia de España de Modesto Lafuente; es decir, terminaremos con algunas consideraciones sobre el momento actual (diciembre de 2025) que podrían terminar el texto de Juliá teniendo en cuenta su línea de pensamiento. Nada fácil ha resultado el periodo 2018-2025 del gobierno de Pedro Sánchez, que ha tenido que pasar por el final de los efectos de la Recesión de 2008, la epidemia del Covid-19 y la cerrada crispación de la oposición política desde el mismo día de su acceso al poder, poniendo en duda su legitimidad. Además del volcán de La Palma, las inundaciones mortales de Valencia y los incendios forestales del pasado verano. Finalmente, los casos de corrupción de dirigentes próximos de su partido, los casos de delitos de género, el incremento del coste de la vida y de la vivienda, el aumento de la desigualdad, así como el cerco político de los partidos, las instituciones (el Senado y determinadas comunidades autónomas), la patronal, determinados órganos judiciales, la Conferencia Episcopal, la Banca, la agitación de la calle, etc. No obstante, a partir de los logros conseguidos (mantenimiento de la paz social, subidas de los salarios más bajos, mantenimiento de los servicios de salud y sociales públicos, normalización de las relaciones con Cataluña, gran crecimiento económico y del mercado de la Bolsa, buena presencia de España en el ámbito internacional, etc.), repetimos, a pesar de los logros conseguidos, se ha extendido por las distintas capas sociales el ambiente de fin de legislatura. ¿Qué nos deparará el próximo futuro? ¿Un nuevo gobierno (cuando toque) de derecha más extrema derecha– o al revés? Dicho en palabras de Santos Juliá: ¿tendremos que vivir un nuevo retroceso? ¿Retroceso en valores democráticos, sociales, económicos, de desigualdad, del Estado de bienestar, del papel internacional, de los valores éticos,…?


[1] Santos Juliá Díaz (1940-2019) ha sido historiador y sociólogo, especialista en Historia Social y Pensamiento Político. Cursó estudios en el Seminario de Sevilla, ejerciendo tras su ordenación como “cura rojo” durante unos años. Fue seguidor de la filosofía de la Institución Libre de Enseñanza de Giner de los Ríos. Ha sido doctor de Ciencias Políticas y Sociología y Catedrático de la UNED.  Entre sus muy abundantes publicaciones se puede señalar su “Historia de las dos Españas” (2004), que fue premio Nacional de Historia de España. En un coloquio sobre dicha obra fue atacado por ultraderechistas, causándole heridas en la frente. Ha sido editor de la obras completas de Manuel Azaña, y autor de una biografía destacada sobre el mismo político.

[2] Ramón Carande y Thovar (1887-1986) fue un historiador y economista considerado una autoridad en la historia económica española, Vivió de joven en la Residencia de Estudiantes. Doctor en Derecho y Económicas. Amplió estudios en Múnich, Viena y Berlín. Catedrático de Economía Política y Hacienda Pública en la Universidad de Sevilla. Entre sus numerosas publicaciones puede citarse su monumental  “Carlos V y sus banqueros” de 1943.

[3] Juan Valera y Alcalá-Galiano (1824-1905) fue escritor, diplomático y político. Estudió filosofía y derecho. Diputado a Cortes y Senador en varias legislaturas. Embajador en Portugal, EEUU y Bélgica. Académico de la Lengua y de Ciencias Morales y Políticas. Escritor epistolar, periodístico, crítico literario, poesía, teatro, cuentos y novelas; la más célebre es Pepita Jiménez. Puso al día la monumental “Historia de España” de Modesto Lafuente. Manuel Azaña realizó su tesis de doctorado sobre Valera; tiene publicado el libro “Ensayos sobre Juan Valera”.

Autor:

Bernardo López-Camacho y Camacho

Dr. Ingeniero de Caminos, Canales y Puertos
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