Plan General de Obras Públicas de 1940 (PGOP1940). Desarrollo de infraestructuras en la cuenca del Tajo y planteamiento del ATS. Parte 3 de 3. Consideraciones sobre el Trasvase

El Acueducto Tajo-Segura (ATS), o más propiamente el Plan de Mejora de los Riegos de Levante, no entra en los objetivos del Plan General de Obras Públicas de 1940 (PGOP1940). Son analizadas con detalle las alternativas planteadas en ese momento, encontrando en ese momento inconvenientes que las hacen inviables. No niega la importancia de la actuación para el futuro, pero la subordina a la necesidad de continuar los estudios. En definitiva, es postergado.

Parte del razonamiento que se realiza sigue teniendo actualidad, con la infraestructura ya construida. En especial la insistencia que realiza en que el problema no está condicionado por la disponibilidad de tierras y bondad del clima en el Sureste, sino por la existencia de excedentes regulados en el Tajo.

A continuación se reproducen algunos fragmentos de la Memoria General Adicional del PGOP1940 con los razonamientos para no abordar el ATS:

Riegos de Levante (de la Memoria General Adicional del PGOP1940):

Los riegos en Levante son la base de la riqueza de esta parte de España, y son las regiones de más abolengo en el cultivo del regadío. Gran parte de sus productos son exportados, constituyendo una de las partidas más importantes para la regulación del comercio exterior de España.

La circunstancia de que los terrenos de secano en esta zona tengan poco valor, ya que sus producciones son muy escasas, y, en cambio, adquieran un valor extraordinario cuando se les proporciona agua para riegos, origina que el que las zonas de secano busquen por todos los medios la manera de conseguir caudales, ya que ello da lugar a que los propietarios de estos secanos multipliquen su fortuna rápidamente.

Pero esto ocurre mientras se les deje en libertad de cultivar los productos que quieran, porque entonces se dedican a producir las mismas cosas que los regadíos viejos y acuden a los mercados de éstos a hacerles la competencia.

Mientras las zonas nuevas no crecen rápidamente, se producen pequeñas variaciones en los mercados que se salvan fácilmente; pero cuando las nuevas zonas representan un tanto por ciento muy importante respecto a la superficie del regadío viejo, con el que van a competir en sus propios mercados, originan una alteración enorme en éstos y, por regla general, una caída de precio, primero, y un reajuste en el valor de los productos con el precio más bajo, después, que da lugar a una desvaloración de los regadíos viejos.

En estos casos una gran parte de la riqueza creada por los regadíos nuevos es la que se ha perdido en la valoración de los riegos viejos. Por esto decimos en la Memoria del plan que al poner en explotación de riego grandes superficies de secano en zonas con riegos antiguos, no debe permitirse que los cultivos en los primeros años sean de la libre voluntad de los nuevos regantes, porque pueden hacer peligrar los riegos viejos y desde luego producirán una alteración en su mercado que puede constituir la ruina de la zona.

Para evitar esto ya dijimos que había que poner ─con arreglo al conocimiento que se tenga de sus mercados─ ciertas limitaciones en los productos a obtener durante algunos años.

Por esta causa, al someterse en el año 1933 a información pública el Plan Nacional de Obras Hidráulicas redactado por el Sr- Lorenzo Pardo, en el que se fijaba a Levante una superficie a explotar de nuevos regadíos muy superior a la total superficie actual de riegos que tiene, se produjeron protestas de los riegos viejos ante la situación en que podían quedar los mismos por falta de mercado suficiente para ellos. En cambio, en las zonas de grandes secanos, todos los terrenos que hoy valen muy poco pensaron inmediatamente en la multiplicación de sus fortunas, que se les venía a las manos rapidísimamente; y como la transformación de Levante se propuso a base de llevar aguas de otras cuencas creyendo que no habría grandes inconvenientes en ello, se creó con todo esto un ambiente social de gran tensión que aún perdura.

Vamos a examinar los planes que se han expuesto para la mejora y ampliación de los riegos de Levante.
[Sólo he copiado el análisis y crítica de la propuesta de Lorenzo Pardo, pero también analiza las otras posteriores que planteaban trasvases desde el Ebro y el Júcar]

Plan Nacional de Obras Hidráulicas de 1933. Propuesta del Sr. Lorenzo Pardo (de la Memoria General Adicional del PGOP1940):

Al formular en 1933 el Sr. Lorenzo Pardo su Plan Nacional de Obras Hidráulicas estableció como objetivo del mismo atribuir a los nuevos regadíos una función impulsora de la producción, con el doble objeto de satisfacer las necesidades del consumo nacional y de proporcionar productos apetecibles por el mercado exterior.

Esta es la idea fundamental que ha servido, en general, para redactar todos los planes de obras hidráulicas; pero su dificultad esencial ha estribado en conocer los mercados interiores y los exteriores.

El Sr. Lorenzo Pardo quiso resolver este punto de su Plan estableciendo los incrementos de producciones que podrían obtenerse en los mercados interiores y exteriores, a base de las estadísticas de importaciones y exportaciones publicadas por el Instituto Geográfico y Estadístico.

Desenado reducir a un mínimo la cantidad de productos a importar que podía obtenerse en nuestro suelo, y fijando las nuevas superficies destinadas a obtener productos dedicados a la exportación con arreglo al ritmo ascendente que llevaban éstos en un grupo de años, hizo una distribución de superficies de nuevos regadíos en las distintas cuencas españolas, y al tratarse de la zona levantina, comprendiendo en ésta la zona de Valencia y Murcia, fija en ellas una superficie de transformación de los riegos de 338.000 hectáreas, que distribuye de la siguiente forma:

Dice que los regadíos actuales del Segura consumen 10.364 metros cúbicos por hectárea, y supone que los nuevos regadío consumirán 6.740 metros cúbicos por hectárea, o sea que los actuales consumen 0,32 litros por segundo y hectárea y los nuevos 0,213 litros por segundo y hectárea.

Los caudales consumidos en el Segura son:

Dice que para completar la dotación de los riegos inseguros y dotas los ocasionales y los nuevos harán falta los siguientes caudales:

Este volumen hay que conseguirlo con las aguas sobrantes del Mijares, del Turia, del Júcar y del Segura, y con la aportación de las cabeceras del Tajo y del Guadiana.

Dice que al dar a conocer la idea se señalaron dos soluciones límites: una de aguas rodadas y otra que contaba con elevaciones y aprovechamientos residuarios. Cualquiera de las dos puede serlo; pero entre las dos se encontrará lógicamente la solución óptima, y lo será si a una suficiente economía reúne una gran sencillez y una gran libertad y amplitud de explotación.

Para la realización de este plan de transvase, como no se conocían con exactitud los caudales que pudieran regularse, tanto en el Júcar como en los demás ríos ─cuyas aportaciones habían de dedicarse a la realización de este plan─, tampoco se fijaron con exactitud los caudales a derivar desde la cuenca del Tajo, pues en una primera idea se había de derivar por el canal alto en plan de aguas rodadas 19 metros cúbicos por segundo, y los demás deberían obtenerse elevándolas en el salto de Bolarque, cuya elevación tendría que alcanzar los 200 metros de altura. Al describir la cuenca del Tajo y referirse a la regulación de su cabecera dice que la mayor abundancia de aguas en la cabecera del Tajo se acusa en los aforos de Bolarque: el caudal modular es allí de 45 metros cúbicos por segundo y el volumen circulado de 1.430 millones de metros cúbicos, y agrega que de esta parte, menos de la mitad es solicitada para la solución del problema de Levante y el equilibrio de la producción española.

Esto indica su aspiración de no llegar ni a los 700 millones de metros cúbicos en el transvase, a los cuales pensaba agregar otros 50 millones de metros cúbicos tomados en los ríos Cigüela y Záncara, de la cuenca del Guadiana.

En la idea que exponía el Sr. Lorenzo Pardo proyectaba construir hasta doce pantanos en las cabeceras del Tajo y sus afluentes Guadiela y Gallo, con el fin de regular sus aportaciones y establecer un canal alto por encima de la cota 1.000 que llevaba estas aguas al Júcar, terminado en un gran salto en este río, aguas abajo del Pantano de la Toba, cuya energía pensaba utilizar para la elevación de aguas del Tajo y Guadiela en el Canal bajo.

El canal bajo, recogiendo las aguas elevadas, así como las de los afluentes del Guadiana, Cigüela y Záncara, las conducía al Pantano de Alarcón, en el Júcar. De este pantano arrancaba después el canal general de distribución, que debería llevar las aguas a Alicante, Murcia y al Almanzora.

Las noticias que hemos podido recoger respecto a esta propuesta son las de que los reconocimientos posteriores a la publicación del plan han dado lugar a desechar parte de los pantanos que se fijaron como reguladores de la cabecera del Tajo, y que había que abandonar la ejecución del canal alto por las grandes dificultades constructivas que presentaba; por tanto, todo el caudal a derivar del Tajo habría que elevarlo en Bolarque, o, en todo caso, en los embalses de Entrepeñas y Buendía que se tanteaban para la regulación de la cabecera del río. Asimismo se ha pensado en que la recogida de caudal en los ríos Gigüela y Záncara habría que abandonarla, porque los pocos caudales que estos ríos llevan parecen hallarse comprometidos ya en aprovechamientos más bajos, y en los embalses que pueden establecerse en estos ríos son muy pequeños y la regulación de caudales que originan es de muy poca importancia.

Como en las nuevas zonas de regadío que se pretende crear en Levante estaba Valencia con 80.000 hectáreas de nuevos regadíos y con la máxima regulación posible del Júcar no creía poder lograrse caudal suficiente para ello, el ingeniero jefe de la Confederación del Júcar que había colaborado en la redacción del Plan Nacional dice al informar del Plan Nacional de Obras Hidráulicas en 1933 que al transvasar caudales del Tajo al Júcar debe hacerse a base de un caudal mínimo de 30 metros cúbicos, de los cuales se destinarían, como mínimo, 5 metros cúbicos por segundo al Júcar y los otros al Segura.

Tiene este Plan un error fundamental, que es el siguiente: supone una superficie regable en Alicante, Murcia y en Almanzora de 238.000 hectáreas, que necesitan 1.604.120.000 metros cúbicos de agua; otras 20.000 hectáreas en Albacete y Cuenca, que en la misma proporción, necesitan 135.800.000 metros cúbicos (en el Plan se dice, por error, 35 millones más); y, además, necesita 108 millones de metros cúbicos para las 20.000 hectáreas de riegos inseguros que hay en el Segura. El Segura está prácticamente agotado, y por la Confederación se dice que no podrá contarse con mucho más de 100 millones de metros cúbicos, con todas las regulaciones que pueden hacerse en su cuenca; es decir, que este caudal podría servir para completar a los riegos inseguros de su dotación.

Pero para los nuevos riegos de Alicante, Murcia, Almanzora, Albacete y Cuenca se necesitan 1.740millones de metros cúbicos, y en el transvase del Tajo no se piensa más que en un caudal alrededor de los 700 millones de metros cúbicos; y nos preguntamos: ¿de dónde se sacan los otros 1.000 millones para desarrollar el riego de las 258.000 hectáreas?

Suponiendo que se puedan transvasar los 700 millones del Tajo al Segura, no se podría llegar a regar más que unas 100.000 hectáreas, en vez de las 258.000 supuestas en el Plan.

¿Puede hoy asegurarse que se puedan transvasar los 700 millones de metros cúbicos del Tajo al Segura?

El Sr. Lorenzo Pardo dice que sí, fundándose en que por Bolarque pasan 1.430 millones de metros cúbicos de media anual, y con la mitad pueden quedar satisfechas las necesidades del Tajo y la otra mitad pasarlas a Levante.

Hay resultados bastante diferentes en los aforos obtenidos por la central de Bolarque, de los obtenidos por la División Hidráulica del Tajo para los emplazamientos de Buendía y Entrepeñas.

En Bolarque, el caudal medio anual en los veintitrés años que van desde 1913 a 1935, ambos incluidos, resulta de 1.376 millones de metros cúbicos.

El caudal medio obtenido por la División Hidráulica del Tajo en Entrepeñas en ese mismo período da 615 millones de metros cúbicos, y en Buendía, 423 millones de metros cúbicos. Entre los dos, 1.038 millones de metros cúbicos.

Como los emplazamientos de Entrepeñas y Buendía están junto a Bolarque y no hay ninguna aportación de caudales entre ellas que merezca tenerse en cuenta, se ve que hay un error importante entre los datos de unos y de otros.

Como los aforos de Bolarque se toman a base de la altura de agua sobre la presa, y es para ellos de necesidad vigilar las crecidas, así como disponer de personal técnico enterado, sus datos tienen más probabilidades de exactitud que los de la División Hidráulica, los cuales, por no disponer de limnígrafos, han sido tomados con escala, y el escaladero es difícil que pueda dar las duraciones de las crecidas a las distintas alturas, sobre todo las nocturnas. Por eso vamos a tomar como datos más aceptables los de Bolarque.

Estos datos, como hemos dicho antes, nos dan, para veintitrés años, un caudal medio de 1.376 millones de metros cúbicos, en vez de los 1.430 que dice el Sr. Lorenzo Pardo. Esta diferencia está justificada porque nosotros hemos tomado un número mayor de años.

Pero para poder disponer de este caudal se necesitan construir dos grandes embalses de Entrepeñas y Buendía, que cubica, respectivamente, 800 y 1.500 millones de metros cúbicos, o sean 2.300 millones de metros cúbicos entre los dos, y, además, hay que hacer el túnel de regulación entre ambos que les hace solidarios en la regulación. Entonces puede pensarse que se tiene regulado el caudal total.

Pero en los estudios de regulación que hacen en la División del Tajo para estos embalses les resulta, entre evaporaciones y otras pérdidas, una reducción de 78 millones de metros cúbicos, con lo cual el caudal anual regulado sería de 1.300 millones de metros cúbicos.

El año 1936 dio unos caudales extraordinarios que hubieran hecho aumentar algo estos datos, pero han prescindido de él al estudiar la regulación por tratarse de un año como no se recuerda otro, en el cual fueron destruidas gran número de estaciones de aforos, algunas con limnígrafo, a pesar de que éstas se instalan para que no las alcancen las mayores crecidas.

En el Tajo hay actualmente los aprovechamientos hidrológicos, todos los cuales quedan respetados en cuanto Bolarque reciba los caudales que tiene concedidos.

El caudal concedido a Bolarque es de 25 metros cúbicos por segundo, o sean 788.300.000 metros cúbicos al año.

Si se respeta esta concesión y con el caudal que ella utiliza quedaran satisfechas las necesidades de riego en el Tajo, entonces quedarían libres para poder transvasarlos 511.7 millones de metros cúbicos.

Pero la División del Tajo dice que la zona regable dependiente de estos pantanos pasará de las 100.000 hectáreas, estando situada entre los ríos Alberche, Tiétar y Tajo. Suponen un consumo medio por hectárea de 8.000 metros cúbicos, y, por tanto, los caudales a gastar pasarían de los 800 millones de metros cúbicos. Estos caudales, aunque en cantidad son muy parecidos a los que necesita Bolarque, como la época de su empleo es distinta, resulta que el consumo total de caudales para satisfacer ambas necesidades es mucho mayor.

Así resulta que al fijar la superficie regable que se puede lograr con los dos grandes embalses de Entrepeñas y Buendía, respetando la concesión de Bolarque, la División Hidráulica del Tajo obtiene una zona regable de 94.500 hectáreas. Claro que esto es con los aforos de la División, a base de los 1.032 millones de metros cúbicos en Bolarque; pues con los aforos de Bolarque, de 1.300 millones de metros cúbicos regulados, la superficie regable crecerá bastante. Pero esta lleva consigo el consumo para riegos y fuerza de toda la regulación obtenida en la cabecera del Tajo.

Con la idea expuesta en esta Memoria de hacer las redes eléctricas y supeditar los aprovechamientos eléctricos a las conveniencias del riego para poder aplica a éste todos los caudales embalsados, entonces, con la regulación obtenida con los aforos de la División Hidráulica se podrían regar 120.000 hectáreas, y con la regulación a base de los datos de aforo de Bolarque se podrá establecer el riego en 162.000 hectáreas, a razón de 8.000 metros cúbicos por hectárea.

Es posible que con los caudales actuales y los que se regulen en los ríos Jarama, Guadarrama y demás afluentes que tiene el Tajo, entre Bolarque y el arranque del canal de los riegos de la Ventosilla pueda aún ampliarse la superficie de riego teórica que puede establecerse.

Es posible que al fijar en la realidad la zona de riego útil comprendida entre los ríos Alberche, Tiétar y Tajo resulte menor de lo que se dice, pues no se han levantado los planos que las definan bien, y, sobre todo, que en todas las grandes zonas de riego se presentan con frecuencia mesetas a las que no se puede hacer subir el agua. Estas circunstancias, unidas a los terrenos de muy mala calidad que no conviene regar, suelen reducir mucho la superficie útil de las zonas de riego.

Por todo lo cual es posible que hecho el estudio complementario del Tajo podamos fijar los sobrantes que tiene en cabecera y estudiar el paso de estas aguas al Levante, pero hoy desconocemos en absoluto estos sobrantes.

Pero para poder llegar a esto se requieren dos cosas fundamentales: primera, tener hechos los embalses de Entrepeñas y Buendía, y segunda, tener realizadas las obras eléctricas necesarias para que Bolarque no utilice caudales en épocas que se perderían para el riego.

Mientras no estén realizadas estas dos condiciones, no se puede pensar en hacer transvases, porque la irregularidad de los caudales circulantes por el Tajo no lo permiten.

Como estas obras necesitan muchos años para verlas realizadas, no debe mirarse la posibilidad de este transvase como de próxima realización, y las múltiples obras de conducción no podrán proyectarse hasta que se conociera el caudal disponible.

Lo que sí se puede asegurar es que ni transvasando todo el caudal del Tajo en Bolarque se pueden establecer las 258.000 hectáreas de riego que proponía el Sr. Lorenzo Pardo.

Necesidad de continuar los estudios (de la Memoria General Adicional del PGOP1940):

Hemos hecho la exposición de las distintas ideas que se han presentado con objeto de crear grandes zonas riegos nuevos en el bajo Levante, y hemos señalado los errores fundamentales que vemos en ellos, que nos demuestran que a este problema, de importancia nacional, no se le ha encontrado aún solución. Todo lo planeado hasta ahora no puede dársele más que el carácter de ideas lanzadas, cuya posibilidad de ejecución hay que demostrar mediante estudios mucho más amplios, ya que los tanteos presentados se basan en datos que no ofrecen las necesarias garantías.

En todos estos planes se ha partido de las grandes superficies de terrenos que hay disponibles en Alicante y Murcia, que por las condiciones del clima se podrían transformar en regadíos admirables si se les dotara de agua. En cada plan se ha fijado una determinada superficie a transformar en regadíos, y se ha ido después a buscar el agua necesaria a otras cuencas. Esta operación de buscar el agua no ha dado los resultados fáciles que se esperaban, y así hemos visto que después de fijarse una superficie a regar los caudales que se suponen obtenidos no responden a los que requiere la zona regable propuesta.

El problema de la ampliación y mejora de riegos de Levante hay que plantearlo tomando como punto fundamental los caudales sobrantes que puede haber en las otras cuencas, y que, económicamente, sean de posible transvase, dejando como cuestión secundaria el fijar la extensión de la superficie posible de riego, ya que estas superficies son enormes y todos los caudales que llevemos encontrarían, con el tiempo, su aplicación al riego.

Evidentemente, en el río Ebro hay enorme sobrante de caudales anuales; pero éstos, en verano, sufren una reducción tan importante, que reducen el problema a límites mucho menores que los planteados; en cambio, si se encuentran lugares adecuados para ayudar a la regulación del agua para riego, el problema aumentará en importancia enormemente.

Con los pantanos de Forata, Foya de Cerdá y Beniarrés, en afluentes del Júcar, se mejoran y amplían algunas zonas de riego de esta cuenca. Con las obras de los embalses de Alarcón, Enguídanos y Tous, se puede hacer una regulación muy importante de los caudales de los ríos Júcar y Cabriel, sobre todo si mediante redes eléctricas conseguimos que los aprovechamientos hidroeléctricos ajusten su funcionamiento a la mejor utilización de los recursos hidráulicos para el riego. Y no estando hecho el estudio de regulación con estas características, ¿quién asegura que una vez hecho no resulte un sobrante de caudales respecto a las necesidades de riego de la cuenca?

Si en el estudio de la regulación del Tajo resultan superficies de riego útiles inferiores a las previstas, y si al estudiar los caudales disponibles para ellas, no sólo de su cabecera, sino por regulación de los demás afluentes, nos encontramos con sobrantes de caudales que hoy desconocemos, puede ser posible y conveniente su trasvase a Levante.

Si en alguno de estos puntos podemos encontrar sobrantes de recursos hidráulicos, y la suma de ellos nos puede dar la solución de nuevos riegos en Levante, ¿por qué hemos de tratar de buscar una solución forzada en uno de estos puntos solamente, que por ser forzada no será solución buena? Y si la solución final puede resultar de la aportación de caudales de distintos lugares, las zonas de riego puede llegar a convenir que estén situadas en puntos diferentes de los actuales.

No puede, pues, negarse la importancia que tiene para el futuro de Levante la aplicación al regadío de sus zonas de algunos de los caudales de las cuencas que hemos citado, y decimos para el futuro porque para la resolución de este problema son de interés fundamental los estudios de los ríos Mijares y Júcar, para poder fijar con alguna aproximación los caudales que se pueden regular en el Júcar dependerá en gran parte la fijación de la posible zona de riegos del Levante murciano.

Hay que hacer también el estudio completo de la regulación del Tajo y llegar a conocer las necesidades de esta cuenca para saber si hay sobrante de caudales en ella, y la importancia que éstos tengan para contribuir a la mejora y ampliación de los riegos en Alicante y Murcia.

Antes de pensar en la redacción de proyecto de ninguna clase, hay que hacer una modulación a todos los riegos valencianos, para conocer bien sus necesidades y, sobre todo, formarse una idea aproximada de la importancia de las escorrentías, pues estando los riegos nuevos que se quieren implantar más altos que los riegos bajos, es indiscutible que las escorrentías de estos nuevos riegos vendrán a mejorar los regadíos antiguos y serán caudales que no es necesario aportar para esas mejoras.

Hay que hacer igualmente un estudio completo de los caudales que requerirán las nuevas zonas regables, pues los datos que se han utilizado para estos tanteos en los planes que hemos examinado son demasiado generales, y consideramos excesiva la dotación que se les atribuye en la zona valenciana.

Es necesario también, en los estudios de transvase del Ebro, ver la manera de llevar el agua al canal y acequias comprendidas entre el Júcar y el Turia, porque hasta ahora la dirección de la corriente de riego en esta zona es contraria a la que trae el Canal del Ebro, y, por tanto, hay que ver si conviene seguir dando las dotaciones totales a las acequias en sus cabeceras, o bien modificar la forma de distribuir las aguas de estos canales.

Por todas estas causas, creemos que la solución completa del regadío del Levante murciano requiere muchos años de estudios, en los que debe también comprobarse lo que tenga de real la solución propuesta por el Sr. Sánchez Cuervo.

Debe examinarse el problema con un carácter eminentemente nacional, prescindiendo por completo del aspecto local con que se han tratado, con frecuencia, estos asuntos.

La idea de transvase de aguas de una cuenca a otras lleva consigo una serie de intereses encontrados que los hacen verdaderamente complicados, y como los Ingenieros de los Servicios Hidráulicos es muy difícil que puedan sustraerse de la influencia del ambiente local, sería prudente que estos estudios se llevasen directamente desde la Dirección General de Obras Hidráulicas, con la colaboración necesaria que deben prestar los Servicios provinciales.

Cuando todos estos estudios preparatorios hayan dado lugar al conocimiento de las características esenciales que ha de tener el problema, se podrá encargar ya a los Servicios provinciales el desarrollo de los distintos proyectos que conduzcan a la resolución del problema total.

Es seguro que los defensores de la puesta en marcha de estos planes alegarán que interesa a las provincias de Alicante y Murcia resolver los problemas que se les presentarán ates de que puedan estar terminados estos estudios. A esto hemos de responder que en el plan actual incluimos todo aquello que puede contribuir a la mejora de ellas mediante las obras que estudian para regular hasta el máximo los recursos propios, aunque llevando cada una al grupo que le corresponde, con arreglo al estado en que se encuentran sus estudios.

Para la resolución de algún problema que se ha considerado urgente, como son los riegos de Lorca y del Almanzora, se considera conveniente proseguir los estudios del Castril y Guardal, con objeto de saber definitivamente si en esto está la solución de la parte urgente de estas zonas.

De la energía producida en los saltos a los que dan lugar los Canales del Taibilla, se debe ordenar reservar 10 millones de kilovatios-hora con precio bajo, para aplicarlo a las elevaciones de aguas subterráneas, con cuyos caudales puede prestarse una ayuda eficaz a los regadíos de Lorca.

En el Pantano de Tranco de Beas, situado en la cabecera del Guadalquivir, se estudia unificar su salto a pie de presa con otro salto que hay inmediatamente aguas abajo, con lo cual se pueden obtener 66 millones de kilovatios-hora al año. Como esta energía ha de producirse dando suelta a los caudales con arreglo a las conveniencias del riego, y, además, los saltos a lo largo del Guadalquivir han de experimentar una mejora extraordinaria al ponerse en explotación este pantano, puede ocurrir que, de momento, no interese en el Guadalquivir la explotación de eses salto. Pero, en cambio, parte de su energía debe interesar a la cuenca del Segura, sobre todo en aplicaciones para las elevaciones de las aguas, y como este interés es máximo en la época de verano, que es cuando el salto del tranco producirá más energía, será muy conveniente unir eléctricamente este salto con la región murciana, donde pueden encontrarse mercados para una parte de su energía, ya que está difícil que en sus primeros años absorba el Guadalquivir toda la que se produce por la regulación que origina este embalse. Además, que este embalse tiene que ser el nudo más importante de su cabecera el día que pueda existir una red eléctrica nacional, y en esta red deberá estar unida la cuenca del Segura a la cabecera del Guadalquivir.

Bibliografía

Peña Boeuf, A., 1940. Plan General de Obras Públicas, Madrid: Ministerio de Obras Públicas.
Disponible en: www.chsegura.es/static/mediateca/Plan-General-de-Obras-Hidraulicas-Tomo-II-Obras-Hidraulicas.pdf

Autor:

Antonio de Lucas Sepúlveda

Doctor por la Universidad de Alcalá e Ingeniero de Caminos, Canales y Puertos (UPM).
Ver todas las entradas de Antonio de Lucas Sepúlveda
Marcar como favorito enlace permanente.

Deja un comentario

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.

0 Comments
Inline Feedbacks
View all comments