Plan General de Obras Públicas de 1940 (PGOP1940). Desarrollo de infraestructuras en la cuenca del Tajo y planteamiento del ATS. Parte 1 de 3. Un plan para riegos

El Plan General de Obras Públicas de 1940 (PGOP1940), redactado por Alfonso Peña Boeuf, fue elaborado en dos fases: durante la Guerra Civil (con la Memoria fechada en junio de 1938) y en el inicio de la postguerra. Puede accederse a una copia escaneada a través de la mediateca digital de la Confederación Hidrográfica del Segura. o por este enlace.

Su apartado de Antecedentes expresa con claridad el punto de partida considerado en el PGOP1940:

De los Antecedentes del PGOP1940:

Siempre ha sido preocupación de los Poderes Públicos el establecer un sistema o plan de riegos para intensificar, en lo posible, la producción agrícola nacional. Al terminar el pasado siglo, en que se perdieron los últimos restos del Imperio Colonial, y en consecuencia quedó suspendida, o por lo menos restringida, la corriente de emigración española hacia las Colonias, se hicieron los intentos de conjurar la crisis obrera, que ya en aquella época se apuntaba, destinando un gran número de braceros a la explotación de nuestro suelo, intensificando la producción de la tierra por medio del riego, y facilitando así el asentamiento de una gran parte obrera que años antes formaban corriente emigratoria.

El primer Plan Nacional de Obras Hidráulicas, con carácter de estudio general, se inició en 1902, y en él figuraban relaciones de obras en número de 296, para producir una superficie dominada de 1.469.000 hectáreas y un presupuesto de 193 millones de pesetas. Como estas obras no estaban, en su mayor parte, proyectadas ni estudiadas debidamente, se fueron desechando varias de ellas por las dificultades surgidas, unas por su carácter geológico, y otras por el aspecto hidráulico, e iniciadas algunas por concesiones que fueron otorgándose en años sucesivos. De este modo se comienza el Pantano de Guadalcacín, en la cuenca del Guadalete, en 1906, y en 1909 se inicia el Pantano de Guadalmellato, para los riegos de Córdoba. En este mismo año, por una Ley, se autorizó la transformación del Canal de Castilla en canal de riego, y en el año 1910 comenzaron las obras de riego del Valle Inferior del Guadalquivir, utilizando la concesión otorgada dos años antes.

Con gran propaganda de orden político se dicta en 1911 la Ley Gasset, para auxilio a obras de riego, que si bien fue un progreso en su época, y marcó el fundamento de una política hidráulica, contraría, al presente, la forma de actuación del Movimiento.

Es en 1916 cuando se formula el llamado Plan extraordinario de Obras Públicas, cuya parte hidráulica comprende 155 obras para el riego de 571.000 hectáreas y abarcando un presupuesto del orden de 250 millones de pesetas. También este plan quedó en su totalidad en esperanzas de realización, y en 1919, con motivo de propulsar el fomento de la riqueza nacional, se modifica el plan hidráulico para aumenta la superficie posiblemente regable a 596.000 hectáreas, y elevándose el presupuesto hasta la cifra de 548 millones de pesetas.

Termina en este año últimamente citado la guerra europea, y en todos los países de Europa surgen corrientes no perfectamente concordantes respecto a la manera de conjurar la crisis económica. España inicia también planes de obras, pero la amenaza tantos años tenida y desarrollada tristemente en África, hace entrar el presupuesto económico en situación de déficit, ocasionando la restricción de cantidades destinadas a la ejecución de los planes de obras y el retraso consiguiente en la forma de ejecutarlas.

Al advenimiento de la Dictadura, y una ordenación más sincera con él de los recursos nacionales, hizo pensar en la realización de planes de Obras Públicas, como consecuencia de la mayor alegría en la vida del Estado y una mejor distribución de las corrientes comerciales, datando de esa época la organización de las Confederaciones Hidrográficas en algunas cuencas, con el laudable propósito de agrupar y ordenar todos los intereses afectados por esa riqueza que discurre en los ríos, y tuvo una concepción acertada en su origen en estas Confederaciones, inspiradas en el criterio de una coordinación de conjunto de todos los elementos que estuvieran en relación directa con el aprovechamiento de las aguas. Peros si con tal motivo el propósito de hacer intervenir a los usuarios y entidades interesadas en el aprovechamiento hidráulico era manifiestamente un acierto, tuvo el mal de origen, reflejado posteriormente, en la gran cantidad de elementos que, con el nombre de Asambleas, formaban parte de la Confederación, y sobre todo de la forma de reclutamiento de éstos, por plebiscitos con carácter absolutamente idéntico al que se siguió en todas las épocas por los censos electorales en la elección de diputados y compromisarios, sistema que, si teóricamente parece perfecto, pensando en las aportaciones de valiosos votos, tiene siempre el inconveniente, tantas veces reseñado, y que ha producido estragos bien visibles en todos los Estados fundamentados en estas democracias.

A través de los años se ha visto que las Confederaciones constituidas de este modo servían, principalmente, para producir acuerdos entre los usuarios más diestros en el manejo de las masas, siempre con detrimento para el Estado, y con beneficio para los interesados, sin que esta diatriba alcance a la esencia de las Confederaciones, que por su concepto son instituciones de gran utilidad, sino a su manera de funcionar.

Últimamente, en el año 1933, el Ministerio de Obras Públicas inicia una redacción de obras hidráulicas, encargando el estudio al Sr. Lorenzo Pardo, y una propuesta, como consecuencia, del Plan Nacional de Obras Hidráulicas. La información pública que actuó para enjuiciar ese plan, encontró la oposición de algunos servicios hidráulicos, y entre ellos la Delegación de los Servicios del Tajo, que en 1934 presentó un informe de oposición, y la Confederación del Duero, disconforme con dicha propuesta, formuló un plan de trabajos para su cuenca y por un plazo de veinticinco años, que fue aprobado por una Orden ministerial de 8 de noviembre de 1935, fecha posterior a la de la redacción de los planes de la Confederación del Guadalquivir, que también hizo estudios independientes desde julio de 1933, y que fueron presentados en el siguiente año.

Como puede apreciarse por esta ligera descripción, han sido varios los intentos de realización de los planes hidráulicos, pero nunca se ha llegado, no sólo a estar en disposición de ejecutarlos, sino ni siquiera el de formar un plan aprobado formalmente y en condiciones de llevarse a la práctica.

Al igual que los planes anteriores, está enfocado a aumentar la superficie de regadío, como se puede apreciar en el apartado de Criterio del plan hidráulico:

De Criterio del plan hidráulico del PGOP1940:

La forma en que han ido presentándose sucesivamente los distintos estudios que hemos reseñado en el epígrafe anterior, y que sólo han sido puestos en ejecución muy precariamente en algunos casos, y con poca armonía en todos, ha producido en el estudio actual una situación de las obras hidráulicas de España realmente desordenada y con rendimiento para el Erario Público (y para la economía general) sumamente pequeño en relación con el esfuerzo presupuestario llevado a cabo. Las obras hidráulicas, producto de muchas ambiciones particulares, en un aspecto, y muchos intereses de orden político, en otro, para llenar más bien satisfacciones comarcales o aspiraciones de orden íntimo, han dado al traste con la verdadera aspiración de estas obras, que deben ser, a nuestro juicio, fuente de riqueza, que económicamente sea desarrollada pensando sólo en el bien común.

La forma de conseguir un pantano aisladamente, para tener una zona de riego, que la mayor parte de las veces no llega a serlo por intriga de un grupo de interesados, con precipitación, unas veces, que no da lugar el debido estudio de las condiciones geológicas e hidráulicas, y en otras, a la ausencia de previsión en el desarrollo del porvenir, que sólo considera un momento el aspecto de subsidio obrero, es motivo de que, por todos estos conceptos, se encuentren ahora cientos de millones de pesetas gastados por el Estado en obras hidráulicas, y con el resultado efectivo de un escaso número de hectáreas verdaderamente puestas en riego, y menor número aún el de aquellas que tienen su utilización conveniente desde el punto de vista agrícola.

Es bien cierto que muchos de estos lamentables aspectos no se deben ni a la mala fe de sus inspiradores di a falta de inteligencia de los ejecutores, sino sencillamente a la defectuosa manera de conducir los sistemas de riegos, de un modo parcial, obedeciendo muchas veces a necesidades perentorias y con trabas de la misma Administración, que ha desvirtuado su fundamental concepto. Y también es justo consignar que no todo lo hasta ahora hecho en esta materia es desacertado ni antieconómico, pues casos hay de tan notorio acierto, principalmente en lo que respecta a la técnica, que muchas de las obras han sido motivo de singular elogio en los Congresos Extranjeros.

Pero no es este el aspecto que aludíamos en los párrafos anteriores, sino por lo que afecta a la gestación ele los sistemas de aprovechamiento y a su total rendimiento, elemento fundamental en una obra de visión para el futuro.

Indudablemente puede haber obras muy bien concebidas, y hasta del mejor rendimiento, en una idea de aprovechamiento privativo y restringido que, sin embargo, incurren en esos defectos antes señalados, razón por la que, en materia hidráulica, en que tan directamente se ponen en juego las riquezas nacionales, sólo una labor de coordinación amplia es la que puede dar el necesario fruto.

Así, pues, nuestro criterio es absolutamente opuesto a toda esa forma de actuación anterior. Creemos que la única manera de desarrollar un plan hidráulico es el estudio total de la cuenca, y más particularmente, de la zona de su ubicación, considerándola como una obra general de interés nacional que, indudablemente, repercute en el bienestar particular, pero como consecuencia refleja de la economía del país, y no como motivo directo de inclusión de la obra, o como aspiración privada.

Claro que, al presente, nos encontramos con que bastantes de las obras hidráulicas, unas terminadas, otra muy avanzadas, y alguna más en periodo de realización, no obedecen a ninguno de estos principios, por consecuencia de los males anteriores y la dificultad con que tropezamos es el modo de obviar estos inconvenientes, y la necesidad, por el Estado, de encauzar su economía con otro criterio, examinando al mismo tiempo la posible utilización de las obras iniciadas con el sistema de juicio anteriormente expuesto.

Casos hay en los que, por un primer impulso, parece hasta lo más natural abandonar totalmente lo hecho y dedicar el dinero necesario en actividades más útiles, pero es necesario pensar simultáneamente que si en estas obras, en realidad el precio a que resultan totalmente pueda considerarse catastrófico en relación con su rendimiento, la parte que les queda por terminar y el empleo del capital en ella, puede, sin embargo, ser mejor utilización que el de inversión en otras obras, razón por la que, a pesar de que muchas de ellas contrarían los buenos principios de la técnica y de la economía, deben, sin embargo, razonablemente, considerarse como más conveniente su terminación y explotación a pesar de todos estos inconvenientes.

Abundando en este criterio, hemos hecho el estudio de todas las obras que corresponden a cada una de las cuencas, discriminando en ellas el grado de utilidad en relación con su presupuesto, y en tal sentido, como consecuencia del estudio enfocado de este modo, se presenta en este plan la ordenación de las obras correspondientes a cada cuenca, clasificándolas en grupos distintos de urgencia, para el mejor empleo del capital que el Estado debe invertir en ellas.

Sin embargo, los problemas de generación eléctrica de la España de la Postguerra ─vid El problema hidroeléctrico en España entre 1940-1960─, condicionaron el desarrollo de algunas actuaciones, como parece ser el embalse de Buendía, que no estaba planteado en ninguna de las fases del PGOP1940, pero se decidió su construcción urgente, con la máxima capacidad de embalse estudiada.

Bibliografía

Peña Boeuf, A., 1940. Plan General de Obras Públicas, Madrid: Ministerio de Obras Públicas.
Disponible en: www.chsegura.es/static/mediateca/Plan-General-de-Obras-Hidraulicas-Tomo-II-Obras-Hidraulicas.pdf

Autor:

Antonio de Lucas Sepúlveda

Doctor por la Universidad de Alcalá e Ingeniero de Caminos, Canales y Puertos (UPM).
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