El Gran Debate del Agua. Mesa de Planificación Hidrológica, 27 de octubre de 2009. Fundación Canal de Isabel II

Intervención de Bernardo López‑Camacho

Buenos días a todos. Cuando fui invitado a este debate estuve pensando en qué cuestión podría aportar que fuera interesante para ustedes. Después de darle muchas vueltas, llegué a una pregunta, que es la que quiero plantear. No se trata de una cuestión retórica puesto que, adelanto, no tengo contestación para ella. La pregunta es la siguiente: ¿qué esperamos de la planificación hidrológica en nuestro tiempo caracterizado por el empeño en la sostenibilidad del aprovechamiento de los recursos en sus aspectos económicos, sociales y ambientales? Esa es la pregunta, y me voy a limitar en los minutos que restan a ilustrarla.

Antes, Roque Gistau ha hecho un breve resumen de la trayectoria que ha llevado nuestra planificación hidrológica que, como luego veremos, es la expresión de nuestra política hidráulica. En España, los Planes Hidrológicos comienzan con el Plan del ministro Rafael Gasset en 1902, en desarrollo de las ideas regeneracionistas de Joaquín Costa: escuela y despensa. Se trata de un plan decididamente de obras hidráulicas. Es un plan para evitar las avenidas e inundaciones que asolaban nuestro país y para poner en producción tierras por medio del riego para la producción de alimentos, porque entonces había hambre y la gente emigraba a América intentando solucionar sus problemas de supervivencia.

La ley de Auxilios de 1911 del ministro Rafael Gasset posibilita la intervención decidida del Estado en la construcción y en la financiación de las obras hidráulicas, superando los criterios anteriores de una época liberal que la intelligentsia de aquellos tiempos definía como ideas individualistas; entonces se inicia la gran intervención del Estado, que se consolida con la creación en 1926 la Confederación Hidrográfica del Ebro. Uno de sus principales cometidos era realizar un plan coordinado y metódico de obras hidráulicas, un plan de desarrollo para los regadíos y para la producción hidroeléctrica.

Llegamos a la época de la República, y se elabora el Plan Nacional de Obras Hidráulicas, también un plan de desarrollo y, también, un plan de regadíos, del ministro lndalecio Prieto y el ingeniero Manuel Lorenzo Pardo. Quizá es Manuel Azaña quien formula las intenciones de estos planes más claramente: se propugnaba la intervención del Estado para elevar el nivel material y cultural de los españoles y eso se traduce en la política hidráulica mediante el Plan de los riegos del Guadiana, se formula el trasvase Tajo‑Segura y otros planes. También Manuel Azaña decía que cualquier día sería realizado el todo Costa sin que se cumpliesen todas las expectativas de aquellos tiempos que eran, como hemos dicho antes, la elevación cultural y material del país.

Después de la Guerra Civil el Ministro Peña Boeuf practica una clásica jugada hegeliana: asumir y negar; niega el plan anterior que prácticamente se pierde en el olvido, pero realiza las actuaciones contenidas en el plan de lndalecio Prieto.

Con ello llegamos a la Ley de Aguas 1985 y resulta que nos encontramos con una herencia formidable. En España se han construido 1.200 grandes presas, más otras miles de presas pequeñas y azudes y tenemos realizado prácticamente el todo Costa. La Ley de 1985, como ha dicho antes Víctor Arqued, en el artículo 1.4 creo recordar, lo dice claramente: «corresponde al Estado la planificación hidrológica a la que deberá someterse toda actuación sobre el dominio público hidráulico». Proclamación que se hace en un tiempo donde la planificación está ya en decadencia en el mundo occidental, y no hablemos de la planificación de las economías centralizadas, que desaparecieron en 1989 con sus correspondientes regímenes políticos. Sin embargo, aquí se entroniza la planificación como la mayor actuación en el campo del agua y un ilustre administrativista, el profesor Embid,  dice que la planificación es la expresión de la política hidráulica de nuestro tiempo. Por consiguiente, cuando hablamos de planificación hidrológica estamos hablando de qué política hidráulica queremos.

El Plan Hidrológico Nacional de 1993 intenta poner un broche de oro al gran siglo de la política hidráulica española, siguiendo la línea tradicional. Pero resulta que ya en esas fechas no teníamos avenidas, ya estaban dominadas, ya habíamos puesto en regadío más de tres millones de hectáreas y ese plan de más infraestructuras no es aprobado. Lo sustituye un plan que es el de 2001, un plan posterior que prácticamente se limitaba al trasvase del Ebro al Levante.

Creo que hemos recibido una herencia fabulosa de nuestra ingeniería hidráulica en cuanto a embalses fundamentalmente. Pero la mayor lealtad, la mayor fidelidad que podemos hacer a esa política para mantenerla en su lugar, es mejorarla buscando paliar sus efectos secundarios e ir contribuyendo con nuevas ideas de forma que podamos mejorar la gran política hidráulica española.

A esa política se le ha hecho la siguiente crítica que expongo de forma muy condensada (ya veremos si certera, ustedes opinarán): se han sobreestimado los recursos y las demandas y se han subestimado los costes. Ello ha dado como consecuencia que tengamos una presión enorme sobre los sistemas acuíferos, las cuencas han perdido su funcionalidad, las aguas que circulan por nuestros ríos dejan mucho que desear, y un buen número de acuíferos subterráneos están sobreexplotados o salinizados. Este es el panorama, estos son los efectos secundarios que nos encontramos derivados de  ese gran desarrollo.

En este debate del agua veo que esta sesión se titula planificación hidrológica, trasvases y desalación. Milagrosamente han desaparecido del debate los embalses, que todavía estaban en el Plan de 1993 e, incluso, la explotación de las aguas subterráneas; ahora, en cambio, se contemplan los recursos exteriores: trasvases y desalación.

Junto a la línea tradicional de nuestra planificación hidrológica, de construcción de infraestructuras,  aparece la otra línea, la de la Directiva Marco de la Unión Europea que pretende responder a las inquietudes actuales. La Directiva Marco es una directiva que tiene por objetivo fundamental el buen estado de los ecosistemas acuáticos; no nos engañemos, no es la calidad del agua, es la protección del medioambiente acuático, lo dice claramente la Directiva Marco: para mantener el buen estado biológico de los ecosistemas acuáticos y terrestres asociados hay que mantener una buena calidad, unas buenas características hidromorfológicas, cuidar las riberas y evitar que entren sustancias contaminantes o peligrosas en las aguas. Pero fundamentalmente todo el desarrollo y todos los indicadores que tiene la Directiva Marco son biológicos, buscan el objetivo del mantenimiento de los sistemas acuáticos, sin preocuparse de la cantidad, puesto que es una directiva fundamentalmente inspirada por los países del norte de Europa.

Lo que dice la Directiva Marco es que hay que cuidar todas las masas de agua, hay que recuperar la funcionalidad de las cuencas, hay que llegar al buen estado ecológico –biológico, químico e hidromorfológico–, lo que choca con nuestra legislación actual. Quizá ha hecho falta algo más de meditación, puesto que se mezcla todo. Mezclamos ese mandato claro de la Directiva Marco del Agua, que responde a unas inquietudes actuales, con nuestra política tradicional y entonces en este momento no sabemos si sorber o soplar, es el problema que tiene la actual planificación hidrológica:  no sabemos si lo que tenemos que hacer es el Plan Nacional de Calidad, el Plan de Restauración de Ríos, conservar la funcionalidad de las cuencas o seguir con nuestros aprovechamientos, de política de oferta del agua.

Se ha apuntado anteriormente que quizá otro de los problemas actuales es la puesta en marcha de un plan de reconversión de regadíos, sobre todo de los regadíos de la agricultura continental, unos regadíos que consumen el 75 el 80 por ciento de los recursos con unas productividades reducidísimas, donde el 50 por ciento son subvenciones. ¿No será el tiempo ─se plantea como pregunta─ de pensar en reconvertir –lo mismo que se ha reconvertido el sector del carbón o los astilleros–, de reconvertir la agricultura tradicional y dedicar más atención a esa funcionalidad de las cuencas? Esta cuestión incide, además de los intereses de los regantes, en las Comunidades Autónomas, sobre todo viendo la política sectorial respecto a los riegos existentes al reclamar su aumento creciente.

Y ya para terminar, solamente me queda repetir que, en estos momentos, no sabemos hacia dónde caminar en la política hidráulica, no lo tenemos claro. Vuelvo a la pregunta inicial: ¿qué se espera, qué esperamos, de la planificación hidrológica, de la política hidráulica, en estos tiempos que, además como ha dicho Antonio Lamela, tenemos una honda situación de crisis? ¿Por dónde vamos? El profesor Margalef decía que los ríos eran como los riñones del cuerpo humano; lo mismo que miramos el funcionamiento de los riñones para ver la salud del cuerpo humano, el agua de los ríos sobre todo en las desembocaduras nos ofrece un diagnóstico de la salud de la cuenca hidrográfica.

Nos encontramos, pues, con una situación en la que tenemos los recursos muy sobreestimados, no estoy hablando de cambio climático, estoy hablando de lo que ya ha pasado. Estamos valorando los recursos en los planes hidrológicos muy a la baja respecto a las cifras tradicionales. Las demandas tampoco son tan infladas como las teníamos antes. Ha dicho antes el Director Gerente del Canal de Isabel I I que ahora por dicha entidad se abastecen un 20 por ciento más de habitantes, un millón de habitantes, con los mismos recursos e incluso con un poco menos.

Este es el panorama que tenemos delante, ¿Hacia dónde caminamos, seguimos con nuestra política hidráulica tradicional pintándola de verde o planteamos una nueva política que es la que marca la Directiva Marco del Agua atendiendo ─por supuesto─ las necesidades urbanas e industriales?…

Este es el debate de nuestro tiempo desde mi punto de vista y esta es la cuestión que he planteado a todos ustedes para el debate. Muchas gracias.


DEBATE:

Enrique Calleja, director del Consorcio del Alto Guadiana.

Ahora estáis estudiando el plan de cuenca, que no sé si se tendrá definitivamente para el año que viene o si será para el siguiente, pero sí que me gustaría, porque me ha quedado un poco confuso en lo que has expuesto, hacer una pregunta concreta: ¿Consideras con los datos que tenéis en este momento que en el Alto Tajo, es decir, en los embalses de cabecera, una vez considerados estos datos que comentabas de una disminución en esos recursos medios en la cabecera, sumado a un aumento de esas demandas que están colgadas, quedarían recursos disponibles para el mantenimiento del trasvase actual?

Bernardo López‑Camacho:

Lo que decía antes de que se habían sobrestimado los recursos y las demandas y subestimado los costes, pues es aplicable totalmente a este caso. Al revisar los datos, y ya no datos teóricos sino datos de aforo de las entradas de los embalses de Entrepeñas y Buendía, resulta que la planificación hidrológica ahora nos marca la serie que se llama la serie corta, la serie de aportaciones que empieza en 1980, fecha que coincide con la entrada del trasvase Tajo‑Segura. Considerando los treinta años anteriores al 80 y comparándoles con los años que llevamos desde el 80 resulta que las entradas de los embalses de Entrepeñas y Buendía han pasado de 1500 a 750 hectómetros cúbicos; no sabemos qué ha pasado en la cabecera del Tajo para que los recursos hayan bajado a la mitad.

El trasvase medio desde que entró en funcionamiento ha sido de unos 330 hectómetros cúbicos anuales del río Tajo desde Bolarque; es decir, al río Tajo lo hemos dejado con la mitad de la mitad del agua. Bueno, eso son datos. Si fuera de Murcia estaría preocupado, porque se está dando la batalla sobre una fuente de agua cuyos aportes se están reduciendo fuertemente. Sin embargo, parece que se va por otro camino. Se está más bien por el agua virtual, se quiere sacar el agua de iniciativas populares, de derechos, de no sé qué… Lo que hace la naturaleza es que no está dando agua. Piensen cómo solucionan su problema, porque ya no es cuestión de políticas si se trasvasa o no se trasvasa; si la fuente se ha quedado en la mitad a ver qué hacemos con ello. Esa es la cuestión.

Por otra parte, en el otro extremo, junto a la frontera portuguesa, la cuenca del Tajo completa, al revisar las cifras anteriores, también los datos de aforo indican que allí hay un treinta por ciento menos de recursos de los que contábamos. Una disminución en total de la cuenca de un treinta por ciento. Hasta el punto de que antes se afirmaba que los recursos totales de la cuenca eran de 12 000 hectómetros cúbicos anuales en régimen natural. Ahora, los aforos de los últimos años son de 6 000 e incluso cumplir el compromiso del Convenio de Albufeira con Portugal, que son 2 700 hectómetros cúbicos anuales resulta difícil en un año seco.

Si además, queremos que circule agua por nuestros ríos y que tenga calidad aceptable, tiene que ser a base de una inversión fuerte, una acción enérgica en depuración, con reducción de nutrientes, y tratamientos especiales. Pues no podemos hablar de calidad solo con vertidos de ciudades. Si en nuestros ríos no circula agua de manera natural, difícilmente podremos cumplir todas las exigencias de la Directiva Marco. Ese es otro importante problema que tenemos en la planificación.

Réplica: Enrique Calleja, director del Consorcio del Alto Guadiana

Me ha parecido muy correcta tu respuesta pero incidiría en un matiz, que es la implantación de los caudales ambientales. Supongo que de acuerdo con la elaboración del plan de cuenca, lo debéis de tener. Vamos a quitar el contexto político que antes ha salido a colación en el debate anterior que ha habido, pero lo pregunto de una manera muy concreta: con los datos que tenéis, porque esto al final son metros cúbicos y supongo que a estas alturas las necesidades de caudales ambientales ya no serán esos seis metros cúbicos por segundo de un caudal legal establecido cuando se estableció o cuando se aprobó el Trasvase, entonces me gustaría, si es posible que lo definieras un poco más. Gracias.

Respuesta: Bernardo López‑Camacho

Los caudales ecológicos se están definiendo en principio por un estudio que está llevando a cabo la Dirección General del Agua y no está terminado. Por consiguiente, por ahora no me referiré a cifras concretas.

El problema es que contemplamos esta disminución tan enorme que estamos diciendo de las aportaciones de los últimos años. Ahora queremos, además, que nuestros ríos tengan su funcionalidad ambiental, que no sean meras cloacas, que circule el agua con calidad y que circule el agua con cantidad que es lo que la Directiva Marco indica acerca de las condiciones hidromorfológicas, aunque en Europa no tienen este problema. En España es un problema que circule agua por los ríos. Vamos a ver, en Talavera de la Reina, la cuenca del Tajo después de más de treinta mil kilómetros cuadrados, en el verano de 2006 circulaba de media un metro cúbico por segundo; esto subleva. No puede ser una cuenca con treinta mil kilómetros cuadrados que en verano circule un hilo de agua. Claro, los de Talavera están enfadados como es natural, es un punto crítico de la cuenca.

No sabemos cómo cuadrar las cuentas, es lo que decía antes, no sabemos cómo, porque casi nos piden que sorbamos y soplemos a la vez. Se nos piden unos buenos caudales ambientales circulando por los ríos, una buena calidad, pero tanto los políticos en el gobierno del Estado como en las Comunidades Autónomas etc., no quieren ni un uso menos. Quiero decir, los usos a ser posible garantizados y a ser posible con algún incremento. No digamos los incrementos para abastecimientos que están justificados con garantía total. Incluso en regadíos se está pensando en aumentarlos un poco en algún sitio; en otros sitios modernizarlos, pero ya lo han dicho antes, sin que eso represente ningún ahorro porque ese agua que se recupera se dedicará a otras cosas y en última instancia a los mercados del agua… y ese es el conflicto que tenemos ahora mismo, cómo cuadramos ese círculo. No te puedo decir más. Te puedo decir que las cuentas no salen.


Miguel Ángel Ródenas, Director General del Agua de Murcia

Hago una alusión a la cuenca del Tajo. Efectivamente el agua del Tajo es la que es. Este concepto de caudales ecológicos no es natural, es decir, la serie del Tajo, creo que incluso en Aranjuez, antes de construirse el trasvase del Tajo‑Segura, hay algún año en estiaje de caudal cero. Es decir, si ahora mantenemos un caudal ecológico de seis metros cúbicos por segundo en verano, en algún momento podemos estar yendo en contra de lo que ha sido la naturaleza. Los cambios de clima, la sequía, todo eso forma parte de la biodiversidad de la naturaleza, eso enriquece también; por tanto es un concepto artificial. Hay series en la cuenca del Tajo que ha habido 3000 hectómetros cúbicos en un solo año, es decir, que Entrepeñas y Buendía se quedarían pequeños si viniera esa lluvia que nadie puede decir que el próximo año pueda producirse este evento. Y ya hechas estas reflexiones, como esta tarde intervendré, ya tendré ocasión de hacer alguna consideración. Gracias.

José Carlos Caballero, representante de ASAJA:

La pregunta es muy concreta para el representante del Tajo. Me han llamado mucho la atención los datos que daba de los 1500 hectómetros cúbicos en una serie de treinta años, hemos pasado a la mitad, la reducción del 50 por ciento en otra serie, no ha dicho cuál, de treinta años. ¿Tienen esos datos contrastados con los niveles de pluviometría?, porque cuando uno analiza desde luego a nivel global reducciones del cincuenta, del treinta por ciento como ha dado no es fácil encontrarlas dentro de los datos que tiene el Instituto Nacional de Meteorología. Gracias.

Bernardo López‑Camacho:

Sería indicativo si no hubiese habido cambios de uso del suelo. La cabecera del Tajo se trata de una región prácticamente despoblada y sin actividad económica y con unos pueblos pequeños donde no se ha cambiado sustancialmente. Hay que contrastar esos datos de pluviometría, pero no ha habido cambios de uso del suelo ni ha habido grandes repoblaciones forestales, se ha conservado el territorio bastante bien en los últimos cincuenta años; por consiguiente, y además no solo la cabecera del Tajo, es la cabecera del Tajo más todo el nudo de la Ibérica, los embalses que van también hacia el Júcar, Alarcón, hacia el norte y hacia el Guadalquivir. Es decir, existe ahí una zona que, por lo que sea, quizá por el cambio de régimen de precipitaciones, y eso la Agencia Estatal de Meteorología sabrá, en esa zona las precipitaciones quizá se hallan venido abajo.

De todas formas trataremos de comprobar la serie de pluviometría, pero los datos que estamos exponiendo no son de datos de ningún modelo. Los modelos se pueden siempre discutir; hay gente que es creyente en los modelos y gente que es menos creyente. Pero he hablado de los datos aforados, medidos, y son series relativamente modernas en las que las estaciones de aforo o los procedimientos de aforo son bastante fiables.


Adrián Baltanás, Director General de ASAGUA

No te parece que es casualidad que justo cuando empieza la explotación del trasvase Tajo‑Segura es cuando se descubre el quiebro en la reducción de aportaciones en el 50 por ciento o lo que sea. Entonces pienso que sin perjuicio de que estemos asistiendo ya a una manifestación del cambio climático en asuntos tan inmediatos como la reducción de las aportaciones de recursos en nuestros ríos, con independencia de eso, ¿no será que cuando se empezó de verdad a medir el agua porque había que cobrarla en el trasvase, se empezó a medir bien? Con lo cual vamos a lo de siempre, lo que hay que organizar es la gestión económica porque es la madre del cordero.

Bernardo López‑Camacho

Esto lo englobaría en esa crítica que hay en general de sobrestimación de recursos y demandas y subestimación de costes. Sí, efectivamente, algo de eso hay. De cualquier forma la conclusión a la que podemos llegar es que, sintiéndolo mucho y con mucho respeto hacia nuestros ilustres antecesores, hacer un trasvase desde la cabecera de un río no parece que fuera una idea muy brillante.


Joaquín Caballero, de la Comunidad de Regantes del Trasvase Tajo‑Segura

Este gran debate del agua se ha planteado, entiendo yo, para algo y nosotros hemos venido pues para enterarnos y para también plantear de alguna manera nuestro punto de vista en cuanto al debate general. En este apartado concreto de planificación hidrológica, trasvases, desalación, no dice trasvases o desalación, dice trasvases y desalación y así lo hemos entendido, y así deberá ser entendido siempre sin contradicción entre trasvases y desalación, ni siquiera como decía el representante del Tajo olvidarse de los embalses, yo creo que también es algo que estamos utilizando y que es algo necesario utilizar y ampliar en todo caso su aprovechamiento óptimo, que dudamos que esté optimizado.

De cualquier manera, cuando hacemos una planificación hidrológica, y ese es el debate que nos lleva aquí hoy, por lo menos aclararnos ideas, o por lo menos a los más responsables y a los menos que seamos conscientes de qué ocurre en general y qué ocurre en realidad, y qué conceptos tenemos que aplicar y tenemos que tener en nuestra cabeza para esa planificación hidrológica. España no es la España de hace cien años, pero sí es el resultado de todos los intentos privados y colectivos de mejorar ese problema del agua que siempre hemos tenido y fundamentalmente, hablo como murciano aunque conozco también otras zonas de España, pero el problema se agudiza y se ha agudizado siempre en el trasvase, en Murcia.

Cuando se habla en la República de hacer el trasvase Tajo‑Segura, se pasan muchos años. Cuando se hace, no se hace por capricho, ni se hace porque a algún político le haya interesado; se hace por un análisis real de una economía depauperada, de una Murcia desértica y que como parte de España, y con un clima ideal para la producción agraria, era conveniente armonizando todos los territorios del país, de nuestro país, que parece que algunos se empeñan en desmembrarlo y hacer apartados únicos y sin relación alguna a todo lo demás; y cuando se habla de planificación hidrológica se habla de planificación hidrológica de España incluida Murcia, incluida Castilla la Mancha, incluido todo el territorio nacional.

Concretamente refiriéndonos al trasvase, pensado por otros políticos hace muchos años, realizado en un momento que posiblemente no era el ideal democrático para realizarlo, pero se realizó porque había unas necesidades totalmente económicas en una zona determinada, se hace en el 80, se realiza el trasvase al agua porque había cantidad de agua para poder hacerlo, se hace en desarrollo de una parte de España y por lo tanto en desarrollo de la economía global de España. No entendamos solo mezquinamente la economía de Murcia, sino lo que aporta Murcia, lo que está aportando desde hace más de treinta años de riqueza, aprovechando su clima que es la conjunción que tenemos que pensar: ¿dónde el agua es más rentable para una España globalizada, una España única, no diecisiete, una España entendida por diecisiete técnicos diferentes y diecisiete presidentes diferentes, cuando su principal obligación, entiendo yo como español, es armonizar y llevar a dónde haga falta?

Por eso, cuando se hace la planificación hidrológica entiendo que se debe partir de lo que se tiene, de lo que hay que conservar, no de lo que hay que desmembrar y de lo que hay que quitar de en medio, porque como no tengo agua eso que me sobra lo quito y ya lo tengo arreglado. Lo mismo para el agua de boca, cuando Madrid aumenta en dos millones de habitantes, pues mire usted, que se vayan a Barcelona porque yo no tengo agua para tanta gente. Como tengo agua para la agricultura que ya se ha creado y que ha creado una riqueza en Murcia fundamentada principalmente en el trasvase, y quien no lo conozca debería enterarse pero muy bien de qué depende ahora, en este momento, la economía murciana, pagando además como se están pagando las obras de realización de aquel trasvase; se está pagando religiosamente a las comunidades autónomas ─Castilla la Mancha lo debe saber muy bien─. La planificación, entiendo y ese es el gran debate del agua, yo entiendo que debe ser buscar, imaginar, estudiar de verdad, seriamente para mantener lo que tenemos y nunca dar siquiera la idea de que quitando eso de en medio se arregla.

No le podemos pedir a San Pedro que nos mande el agua cuando queremos; no podemos, es imposible, cuando no haya agua no se trasvasará, ¡cómo se va a trasvasar si no hay agua! Pero no planifiquemos en el sentido mezquino de cortar, de recortar por si acaso el futuro no nos trae agua. Si el futuro no nos trae agua de lluvia, tendremos que imaginar, tendremos que buscar, tendremos que trasvasar y si el Duero tiene agua habrá en el futuro que traerlo al Tajo; y si para cumplir con ese plan hidrológico del Tajo, porque no podemos quedarnos en unidades mínimas de planificación hidrológica de una cuenca olvidándonos de las demás y siendo reinos de taifas de almacenar nuestra propia mezquindad. Creo que esa es la línea que tenemos que seguir en la planificación hidrológica de cuenca, siendo generosos, incluso con la predicción del tiempo en la que no podemos ponerle cortapisas, siendo generosos además pensando que cuando eso ocurriera habrá otras cuencas que dispongan de agua, planificar la posibilidad del trasvase entre cuencas y continuar con la desalación en las zonas que lo permitan.

Autor:

Bernardo López-Camacho y Camacho

Dr. Ingeniero de Caminos, Canales y Puertos
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